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| Marcelo Arduz Ruiz, de la Academia de la Lengua
www.laprensa.com.bo, Bolivia
Viernes, 7 de enero del 2011

CURIOSIDADES EN EL LENGUAJE: CÍCLOPES

Del latín Ciclops: derivado del griego Kyclos: círculo y Óops: ojo. En la mitología griega y latina son criaturas de estatura y fuerza descomunales cuyo nombre se debe al único ojo, grande y redondo, que llevaban en medio de la frente, con el cual detectaban el menor movimiento en un amplio panorama.


El Cielo (Urano) y la Tierra (Gea, inicialmente conocida por Titea), ambos nacidos del Caos cuando empezaba a configurarse el cosmos, procrearon seres colosales y de carácter irascible, entre ellos los llamados titanes (por ser hijos de Titea), los centimanos (con cien brazos), además de los primeros cíclopes Brotes, Estorote y Arges (o Harpes).

En la rapsodia IX de la Odisea, Homero cuenta que el más famoso de ellos fue Polifemo, hijo de Neptuno, a quien Ulises y sus compañeros le reventaron su único ojo, con una enorme estaca, para huir del cautiverio que les había impuesto en su antro de Sicilia.

Urano, horrorizado con su nacimiento, los confinó en las entrañas de la tierra, donde carecían hasta de luz solar. La madre, compadecida, convenció al menor de los titanes: Cronos o el Tiempo, para que se rebelara contra el cruel padre a fin de que sus hermanos (los únicos sin deformidades) no corrieran idéntica suerte.

Así, estalla la rebelión de los titanes o Titanomaquia contra los dioses primordiales. Cronos provisto de la guadaña que le dio Gea, mutiló a Urano y su sangre derramada todavía procreó a los últimos gigantes; asumiendo Cronos (Saturno entre los latinos) la jefatura de todos los dioses.

Al predecirse que uno de sus hijos lo destronaría, Saturno los devoraba a medida que iban naciendo, por lo cual a Zeus o Júpiter la madre lo ocultó dándole a engullir una piedra envuelta en pañales. Más adelante, éste le hizo vomitar a sus hermanos y con ellos se rebeló contra los titanes usurpadores del trono paterno.

Para reforzar el bando, Júpiter libró a los cíclopes de su encadenamiento, junto a cien ejemplares más nacidos en el cautiverio, quienes agradecidos encendieron la fragua del Etna para forjar los truenos y rayos de Júpiter, el tridente de Neptuno y el casco que hacía invisible a Plutón…

A los enemigos auxiliaron los crueles y salvajes gigantes, que arrancando montañas las apilaban unas encima de otras, intentando escalar los cielos, pero Hércules los contuvo.

Por los combatientes que participaron en uno y otro bando, a la guerra se la denomina Gigantomaquia, tratándose para algunos de simple alegoría de la batalla bíblica entre ángeles y demonios.

Al final, Júpiter afrontó al espantoso Tifón, cuyo cuerpo sobrepasaba las montañas y su fuerza a los demás gigantes; despedía llamas por los ojos, sus largos brazos tenían cabezas de dragones y sus plantas, centenares de culebras, que tuvo que atenazar para someterlo…

Júpiter encerró para siempre a los titanes en las profundidades de la tierra; a Atlas lo condenó a cargar eternamente la bóveda celeste en la espalda; y al jefe de los gigantes lo aplastó bajo la isla de Sicilia, y se dice que cuando se mueve aún ocasiona temblores. Luego recién pudo gobernar desde el Olimpo todo lo creado.

A la palabra cíclope, el diccionario de la Real Academia Española, RAE, añade Ciclópeo: «Construcciones antiquísimas que se distinguen por el enorme tamaño de sus piedras, unidas por lo común sin argamasa»; aunque esta última palabra en la mitología solamente aludía a los gigantes constructores de fortalezas, entre ellos los que levantaron los muros de Tirinto (la patria de Hércules) y de Micenas, con la multitud de brazos con que también contaban en el vientre…

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