Noticias del español

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| Marcelo Arduz Ruiz, de la Academia de la Lengua
La Prensa (Bolivia)
Viernes, 24 de septiembre del 2010

CURIOSIDADES EN EL LENGUAJE: CANDELARIA

Virgen precristiana, cuyo nombre proviene de las procesiones de tiempos romanos, en las que se portaban «candelas» o cirios encendidos en su honor. El color moreno de su piel se lo atribuye al abundante humo que despedían las velas en su altar, dando origen al culto de las «vírgenes negras», uno de los mayores misterios del orbe místico, pues en brazos porta el anuncio del Mesías antes de su llegada.


En la antigüedad era famosa, la que con el mar llegó hasta territorios de los guanches, considerados sobrevivientes de la desaparecida Atlántida, que tras la catástrofe se hubieran refugiado en cavernas de las islas Canarias, en las que mantuvieron el culto a la «Gran Madre», la hija de los mares y la diosa tierra, Gea.

Dicha imagen fue instalada en una gruta a orillas del mar, en la cual fue muy venerada hasta el día en que, así como llegó al lugar, se marchó en una crecida marina. La escultura cristiana que se venera en la actualidad es una réplica de tan enigmática Dama de las aguas… Desde las Canarias, la imagen embarcó hacia el Nuevo Mundo para acompañar las huestes de Pizarro en su incursión al Perú, salvándoles de perecer durante un incendio en el cerco del Cusco (1535), según refieren numerosos cronistas y Pedro Calderón de la Barca.

Bajando más tarde hasta el Titicaca, identificada con la sirena Kopakawana, fue entronizada en 1583 en el día de la Candelaria (2 de febrero), irradiándose su culto por Argentina, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú, Venezuela, e incluso la hoy socialista Cuba, donde se la venera como Virgen del Cobre…

Cruzando a la otra orilla del océano, los agustinos la instalaron en Roma el año 1665, coronada después como una de las imágenes más antiguas, veneradas y milagrosas de Roma (según consta en Archivos del Vaticano), hasta que en una crecida del río Tiber la imagen desapareció y su templo restaurado un siglo más tarde por orden religiosa diferente cambió de nombre.

En la iconografía colonial, la pieza arqueológica precolombina difundida por el padre Crespi, en la cual la deidad sireniforme carga en brazos un «niño pez», se lo sustituyó por una guitarra, por considerar que correspondía mejor al mito de las sirenas en el Viejo Mundo. Además, los agustinos blanquearon la piel de la Virgen, que según Calancha era oscura a causa de la «pasta negra» con la cual se amasó el maguey.

En el ámbito brasileño, el 2 de febrero se festeja a la sirena Imanyá, diosa de los mares, cuando sus creyentes ataviados de blanco arrojan a las aguas barquitos ornados de pétalos y perfumes. En la actualidad, el Santuario de La Candelaria en Sao Paulo sería el más grande del mundo, de sobrepasar las dimensiones recomendadas por el Vaticano.

El Virrey de Lemos, luego de aplacar en 1668 las terribles insurrecciones de Laycakhota (hoy Puno), en señal de agradecimiento, peregrinó con su corte hasta Copacabana, ordenando la edificación del majestuoso santuario que J. Viscarra, en honor al escultor indio, llama de «La Candelaria de Yupanqui».

Por ese tiempo, una réplica de la Virgen de Copacabana se entronizó en Puno con el nombre de La Candelaria, muy celebrada desde mediados del siglo pasado en un espectacular desfile folklórico, con participación de bandas y grupos de danza del Carnaval de Oruro.

En Bolivia, la fiesta del 2 de febrero se celebra en más de una veintena de puntos denominados Copacabana y «La Candelaria», además de poblaciones como Coroico, Chirca, Rurrenabaque, Taxara, Sella, Angostura, Totora, Aiquile y otros puntos.

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