Noticias del español

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| Marcelo Arduz Ruiz, de la Academia de la Lengua
La Prensa, Bolivia
Viernes, 6 de agosto del 2010

CURIOSIDADES EN EL LENGUAJE: CAMPANA

CAMPANA. En términos eclesiásticos y léxico vulgar, se considera el nombre derivado de la población de Campania, al atribuirse su invención (en el siglo V) a San Paulino, ilustre obispo de Nola (Italia), y que desde allí se introdujo en España, extendiéndose su uso al siglo siguiente en todo occidente y Constantinopla. Sin embargo, no todos los eruditos están de acuerdo en cuanto a su origen y antigüedad, sosteniendo algunos que se remonta al lejano Oriente, donde en miniaturas ornaba el atuendo de un legendario emperador chino.


En la antigüedad se la cotizaba para ahuyentar al demonio y malos espíritus, ante la creencia que liberaban ondas de la principia metallica (esencia del metal), una aleación de cobre y estaño con que se la construye, al que se dice eran alérgicos esos seres, por ser propiedad de gnomos y enanos que custodian los tesoros de la Madre Tierra. En menor escala, entonces también se creía que sus vibraciones ocasionaban en el ser humano efectos similares al rechinar de dientes, agarrotamiento de fibras musculares, revulsión en los intestinos y hasta incidencias de dislocamiento de los huesos en sus alvéolos.

Por la supuesta virtud de sus tañidos en el alejamiento de los seres negativos, y el poder proporcional al tamaño de la campana para que las vibraciones penetren en su esencia, se cotizó en la construcción de la iglesia de Riverside en Nueva York, la catedral de Colonia (Alemania), la Tsar Kolokol (Moscú), o la Gran Tom de Lincoln (EEUU). La más grande de la época virreinal en Sudamérica, fue la María Angola de la antigua capital imperial de los incas (Cusco), con dos metros de diámetro y más de uno de alto, cuyos tañidos se escuchan a más de 20 kilómetros a la redonda. En la Real Audiencia de Charcas (hoy Bolivia) se hizo famosa la campana de San Francisco, llamada Campana de La Libertad por haberse rajado tanto repicar, durante el «Primer Grito de la emancipación americana», el 25 de mayo de 1809.

Entre las campanas más milagrosas de tiempos de la Colonia, fray Gabriel de León, en su Compendio del origen y milagros de Nuestra Señora de Copacavana, Patrona del Nuevo Mundo (Madrid, 1660), menciona a la Campana de Caloto, que en 1632 la hizo fundir en Popayán (Colombia) el devoto Luis de Andrada, en señal de gratitud por el milagro que lo libró de un rayo que cayó sobre él…

La campana fue donada a un pequeño pueblo vecino de indios cristianos, que poco después fue saqueado por salvajes nativos que mataron a todos sus habitantes y dejaron la campana enterrada. Crónicas de la época cuentan que en ese sitio, cada vez que tribus enemigas planeaban algún ataque de sorpresa, se oían campanadas que prevenían a los indios evangelizados del peligro y «los infieles no les dañaban». También advirtieron que en la zona jamás caían rayos, por lo cual el año 1570, el Obispo la mandó a desenterrar, para fundirla y construir otra campana más pequeña para un pueblo vecino y otras todavía más pequeñas para distribuirlas entre las familias del lugar, que al sólo tocarlas ahuyentaban las tempestades y rayos.

Tan distinguido cronista presume que la campana se llamaba «María», porque en una orla llevaba la inscripción en latín: Sancta María suecurre miseres, por lo cual también eran muy estimadas para ahuyentar a los demonios; señalando: «Pongo a la letra lo que se dice de la campana, para que los que tuvieran alguna de las muchas que se han hecho de ella, la estimen o busquen quien la tiene». Y, si usted la tiene, me la presto hoy para que la Madre de los Cielos bendiga a todos los bolivianos en el Día de la Patria!…

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