Noticias del español

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| Marcelo Arduz Ruiz, de la Academia de la Lengua
laprensa.com.bo, Bolivia
Viernes, 7 de mayo del 2010

CURIOSIDADES EN EL LENGUAJE

BRUTO


Del latín Brutus, nombre de Marco Junio, descendiente del primer Bruto (Lucio Junio, promotor de la República en Roma), que siendo ahijado del victorioso Julio César se hizo gobernador de la Galia Cisalpina y poco después pretor calificado como el «hijo más fiel de Roma». No obstante de gozar en todo momento de su amparo, la aristocracia enfadada ante comentarios de que el padrino no tardaría en proclamarse emperador, secretamente le reprochaba de dormir en su curul «mientras el tirano aherrojaba libertades»; proponiéndole finalmente que lo asesine en las instalaciones del mismo Senado, en los idus de marzo del año 45 antes de Cristo.

César, al reconocerlo blandiendo un arma en medio del tumulto, confiado dejó de defenderse y en el momento en el que le iba a clavar el puñal en el pecho, se cubrió el rostro con la toga exclamando: Brutus tu quoque, fili mi (¡Brutus, tú también hijo mío!). El complot no tuvo el éxito esperado, por lo cual, huyendo a Macedonia, reclutó un ejército con el que obtuvo su primera victoria en las llanuras de Filipos (año 42 a. de C.), pero poco después Octavio consigue aplacar totalmente la insurrección.

Desesperado entonces Bruto, alzando los ojos al cielo lanza el amargo reproche registrado por Plutarco: «Oh virtud, no eres más que una vacía palabra», arrojándose enseguida sobre la espada que instruyó sostenga con mano firme su más leal seguidor y amigo. Octavio le cortaría la cabeza para depositarla a los pies de la estatua de César en Roma, poco antes de ser coronado el primer emperador romano con el nombre de Augusto, recibiendo todos los poderes civiles y religiosos de los que por temor a perder sus privilegios habían preferido asesinar a uno de los protagonistas más brillantes de toda la historia romana.

Inmediatamente después, en vano los tribunos intentaron lavar ante la posteridad la imagen de Bruto, mostrando el renunciamiento que había tenido al apego filial, como un heroísmo que sacrifica hasta la vida en pro de sus ideales y principios. Haciendo eco tardío de aquella falsa postura, Shakespeare escribió un drama en cinco actos, en el cual retrata a César como dictador y a Bruto cual un paladín verdadero.

La traición se ejecutó por mano de quien menos se esperaba y el execrable crimen nunca recompensa, y aunque en nuestros días su proceder es todavía imitado en las lides de la política, Dante Alighieri, en la Divina Comedia, confina a Brutus a los círculos del infierno, por el imperdonable baldón de la ingratitud humana. No obstante, su nombre en el diccionario apenas designa a una persona necia, torpe y bárbara, y de manera atenuada (en el caso de las rocas) tosca y sin pulimento, por ejemplo: piedra bruta o diamante en bruto. También el peso de un objeto en oposición a su peso neto se conoce como peso bruto

Ajena todavía a esa connotación, la obra de Cicerón titulada Bruto es una de las más admirables que nos haya legado la antigüedad en cuanto a crítica literaria, en la cual se traza la historia de la elocuencia entre los oradores griegos y romanos más celebrados. También así titula la tragedia de Voltaire (aparte de La muerte de César) y las tragedias de Alfieri inspiradas en las de Voltaire.

Tal vez, en lugar de achacar la palabra a un personaje sin faz, que ataca de manera irracional y alevosa, hubiera ganado mayor propiedad como sinónimo de quienes quebrantan los principios esenciales de la gratitud y lealtad para disputar junto a Judas un puesto en la siniestra galería de los traidores…

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