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| Piedad Oregui
El País.com, España
Domingo, 23 de agosto del 2009

¡CUIDADO CON LAS ‘MADOFFADAS’!

En el mundo financiero se utiliza un argot peculiar que el inversor debe conocer.


Uno puede hacer madoffadas, comprar y vender híbridos; switchear un poquito, apostar por los grandfather, tomar posiciones en un bear market, hacer lavados de cupón; participar en operaciones de mercado abierto; estar al tanto de los whisper, toparse con un chiringuito… Todo ello rodeado de figuras hombro-cabeza-hombro, pipos, stop loss, spreads, CFD… Y claro puede parecer que se está en otro planeta cuando realmente no es así: sólo se está participando en los mercados financieros, que llevan a gala disponer de su propia jerga o argot. Para no perderse y poder entender mejor cómo se habla cuando se habla de dinero he aquí una breve guía.

– Hacer madoffadas. A simple vista está claro que no es algo bueno a nada que uno se acuerde de que Bernard L. Madoff está condenado a 150 años de cárcel por ser el autor de un fraude de más de 50.000 millones de dólares. Los inversores le han dado, sin embargo, algo la vuelta a esta idea y han decidido que hacer madoffadas es simplemente montar estructuras piramidales, es decir, crear sociedades en las que las ganancias se pagan con el dinero de los nuevos socios. Cuando no hay más de estos últimos, el castillo de naipes se derrumba.

– De un tiempo a esta parte, las entidades financieras emiten híbridos y ni por asomo se trata, tal y como señala la Real Academia Española (RAE) de «un animal o de un vegetal procreado por dos individuos de distinta especie o de un individuo cuyos padres son genéticamente distintos con respecto a un mismo carácter», ni tan siquiera de un coche en el que se combinan los motores térmico o eléctrico, sino más bien de un producto financiero que mezcla renta variable y renta fija. Los productos híbridos —entre ellos las participaciones preferentes— suelen ser emisiones de títulos perpetuas cuya rentabilidad está ligada a la obtención de beneficios por parte de la empresa o compañía que los lanza al mercado.

– Si a alguien le dijeran que switcheara, lo más probable es que se quedara parado, sin saber qué hacer. En el mercado financiero, sin embargo, lo tendrían claro: obviamente cambiarían unos bonos por otros. Y a ser posible se harían con títulos de renta fija grandfather, no precisamente porque se trate de bonos u obligaciones con mucha antigüedad o sabiduría, sino porque se trata de activos financieros emitidos por entidades que, a su vez, están avaladas por el Estado y este último es precisamente el solvente.

Bear market significa literalmente mercado del oso; bull market, mercado del toro. Que se sepa ninguno de estos dos bravos animales se negocian en Bolsa y, sin embargo, ambos se utilizan para definir el estado de la misma, su tendencia. El toro es el bueno de esta historia: reina el optimismo y se espera que las cotizaciones de suban; el oso, el malo: fluye el pesimismo en el mercado y el precio de las acciones baja.

– Flotante es para la mayoría simplemente un adjetivo que equivale a señalar que algo se sostiene en la superficie de un líquido. Deuda flotante para la RAE es algo bastante complicado de entender: «Deuda pública que no está consolidada, y que, como se compone de vencimientos a término fijo y de otros documentos aún no definitivamente arreglados, puede aumentar o disminuir todos los días». Bonos o títulos de renta fija flotante, algo mucho más sencillo en el mercado: sin interés fijo; rentabilidad en función de una referencia externa.

– Lavados en la vida normal hay de muchos tipos: de cara, de dinero, de cerebro, de coco, de estómago…, pero ¿de cupón?: de eso va a ser que no. Y en Bolsa ésta es, pese a lo que pueda pensarse, un tipo de operación habitual. Básicamente consiste en vender un valor, una acción, a un no residente antes de que ésta perciba el dividendo correspondiente y comprarlo al día siguiente. Simplemente se evita así el pago a Hacienda de la correspondiente retención fiscal sobre dividendos.

– Que se sepa, el mercado bursátil no suele estar cerrado durante las horas diurnas y, sin embargo, se habla de «operaciones en mercado abierto» como si así fuera. La realidad es que se trata llanamente de un sistema de operaciones de compraventa de acciones o valores por parte del banco central correspondiente para aumentar o disminuir el dinero en circulación, tratando, a la vez, de evitar movimientos fuertes en los precios de estos títulos. Si el banco central compra, retira títulos y da liquidez; si vende, mete acciones en el mercado bursátil y retira dinero.

– Un whisper es un rumor, una estimación sobre cuál será el diferencial que sobre el Euríbor o cualquier otra referencia, como puede ser el tipo de interés de la deuda pública, está dispuesta a pagar una entidad que va a emitir bonos y, en general, títulos de deuda pública.

– Ahora que estamos en plena canícula veraniega, nada mejor que tomarse una buena cerveza en un puesto de bebidas al aire libre. Un chiringuito financiero en nada se le parece: se trata de algunas seudoentidades financieras cuyo funcionamiento es irregular y, en la mayor parte de los casos, directamente ilegal.

– Quedarse colgado en Bolsa no es encaramarse al edificio de la plaza de la Lealtad, sede del mercado madrileño. Se trata de quedarse pillado con acciones al haber comprado éstas a precios tan altos que, al menos durante un tiempo, no se puede esperar de ellas más que pérdidas.

– Que stop significa pararse está claro. Si se le añade loss, que en inglés es pérdida, parece claro que una stop loss es una orden de compra o de venta de unas determinadas acciones en la que se establece un precio al que es obligatorio comprar o vender. En el primer caso, para no dejar pasar la oportunidad de una teórica subida mayor de los precios; en el segundo, para limitar las pérdidas. ¿Y qué es un stop dinámico? Se trata igualmente de un tipo de limitación, esta vez en porcentaje de caída de precios, que el inversor está dispuesto a asumir en sus operaciones bursátiles.

– Para nombres curiosos ahí están los CFD o contratos por diferencias. En ellos ni el inversor ni la entidad con la que operan compran o venden nada. Únicamente juegan con la diferencia entre el precio de compra del activo y su precio de venta. De hecho, cada día, al cierre de la sesión, se liquidan las posiciones: se le abonan al inversor sus beneficios o se le cargan en su cuenta sus pérdidas.

– En el mercado hipotecario hay un término que se lleva la palma. «Enervarse» significa, según la RAE, «debilitar, quitar las fuerzas». ¿Se imaginan enervar un préstamo, es decir, debilitarlo? Pues no lo hagan porque en este mundillo de las hipotecas enervarse es otra cosa bien distinta. Un hipotecado descontento con las condiciones de su crédito busca una mejor oferta y la encuentra. Su banco original puede perderle como cliente. O no, porque tiene el llamado derecho a enervarse, es decir, a igualarle o incluso mejorarle las condiciones presentadas y evitar así su fuga. Eso sí, a partir de ahora, por escrito. Cuando un particular decida cambiar su hipoteca de entidad y la antigua le asegure que «se enervará», es decir, que le igualará la oferta o incluso la mejorará, tendrá no sólo, como hasta ahora, que manifestar sus buenas intenciones sino que deberá dejar constancia de ello por escrito remitiéndole a su cliente una oferta vinculante en el plazo de 10 días.

Del 'hombro' a 'la sopera'

Si tiene oportunidad, observe el gráfico de la evolución del índice Ibex 35 en los últimos meses. Probablemente su dibujo tenga poco o nada que ver con la archiconocida y nombrada figura del hombro-cabeza-hombro o H-C-H, que consiste en que un índice o una acción concreta logre tres máximos de precio consecutivos, siendo el central el más alto (cabeza) y los laterales (hombros) de una medida muy similar entre ellos. Eso sí, si aparece, malo porque, dicen los expertos en análisis bursátil técnico, que esta figura tan peculiar marca el cambio desde una tendencia alcista a una situación bajista.

Es probable que el gráfico del índice selectivo español tampoco se asemeje a otra de las figuras chartistas más populares. La sopera, por ejemplo, marca un cambio de tendencia desde bajista a alcista, aunque de una manera poco violenta. Tras un tiempo en que las cotizaciones son muy similares, éstas empiezan a subir, primero de una manera sosegada y luego de un modo más violento.

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