Noticias del español

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| Manuel Trujillo Romero
correodelcaroni.com, Venezuela
Viernes, 26 de enero del 2007

CUIDADO CON LA LENGUA

Es casi irremediable el maltrato que recibe la lengua española no sólo en el uso cotidiano, sino en ambientes de gente con un nivel académico universitario. Hecho éste que estropea la función socializadora de nuestro idioma.


Si uno le pone la lupa a los pensa de estudio de las carreras universitarias notará que en muy pocas de estas profesiones se estudia español como vehículo que nos abre el camino en la sociedad, bien sea como ciudadanos comunes, bien como profesionales que requerimos de una comunicación eficaz con los clientes, familiares, pacientes o ciudadanos en general.

No se trata de transitar por el camino del purismo lingüístico. Lo que queremos señalar es que hoy por hoy existe preocupación e interés en las esferas académicas porque en los distintos subsistemas de educación de un país se transmitan competencias lingüísticas que coadyuven a un mejor desempeño profesional.

A quienes trabajamos con la disciplina lingüística no nos sorprende lo que ya se ha hecho una rutina diaria en la televisión o la radio: el desinterés por el buen uso de la lengua española. No es una sola estación de estos dos medios, más la televisión por cable de habla hispana que no atropelle la elemental concordancia que debe existir entre el sustantivo y el adjetivo. Es por eso que se escucha o mal escucha: «Treinta un prostitutas fueron detenidas en la avenida Libertador» o «Sesenta y un mujeres infectadas fueron tratadas en el Hospital Universitario».

A los estudiantes universitarios de Comunicación Social y mis lectores les reitero que en los dos ejemplos dados arriba, los sustantivos personas y mujer marcan un morfema gramatical de género femenino, lo cual implica que el adjetivo sesenta y un y treinta y un, respectivamente no pueden ser masculinos por lo que debe decirse y escribirse: «Treinta y una prostitutas fueron detenidas en la avenida Libertador» o «Sesenta y una mujeres infectadas fueron tratadas en el Hospital Universitario».

Un reportero de un canal de televisión privado que transmitía desde el TSJ, sin inmutarse, afirmó: «En estos momentos una comisión de la oposición introdució un recurso de amparo…». El caso es más significativo porque para que no nos quedara duda acerca de lo que acababa de escuchar, el reportero repitió el verbo con igual deficiencia. Es bueno recordar que los verbos que terminan en -ducir como introducir, producir, conducir, etc. forman su respectivos tiempo pretérito así: introduje, produje conduje, etc.

No es menos preocupante el uso indebido del gerundio, sobre todo en títulos y subtítulos de medios impresos. No sería adecuado escribir: «El presidente firmará varios decretos nacionalizando empresas de telefonía y electricidad». La Real Academia de la Lengua Española sostiene que el gerundio se utiliza para indicar acciones transitorias y/o simultáneas, pero nunca en acciones permanentes. Es decir, dado que los decretos que se firmarán no indican acción transitoria ni simultaneidad, el título en cuestión debió decir: «El presidente firmará varios decretos en los que se nacionalizan empresas de telefonía y electricidad».

En cambio, si se escribe: «Llegando al aeropuerto, saliendo el avión» o «Cerrando la puerta, sonando el teléfono», estas dos acciones son simultáneas, por consiguiente los gerundios llegando y cerrando están adecuadamente utilizados.

En el uso del idioma oficial debemos ser muy cuidadosos sin pretender ser puristas de la lengua. Es muy conocido el concepto de que una puntuación mal utilizada le puede cambiar el sentido al texto. No serán iguales estos dos textos escritos en sendos testamentos: Primer texto: «Dejo mis bienes a mi suegra. No a mi esposa. Todo lo dicho es mi deseo». Segundo texto: «¿Dejo mis bienes a mi suegra? No. A mi esposa todo. Lo dicho es mi deseo».

El cuidado que debemos tener al usar nuestro idioma como vehículo que nos conduce a la socialización debe ser cotidiano. Más en tiempos de la globalización cuando los esnobismos se hacen más atractivos. Tiempos atrás los negocios de comida rápida se llamaban: La carreta, El verdugo o Popi. Hoy esos nombres dieron paso a: Food Fast Mikey. O este que está a la entrada de Barcelona: The Big egg. La traducción se la dejo a quienes dominen más el inglés que su propia lengua.

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