Noticias del español

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| Enrique García
www.meristation.com
Lunes, 10 de septiembre del 2007

CUESTIÓN DE PALABRAS

El sector debe velar por productos que lleguen localizados al castellano. La implicación de las compañías es cada vez mayor en este sentido, llegando a incluso a la traducción de nombres de videojuegos. ¿Es éste el camino a seguir?


Todos ansiamos encontrar una identidad. Algo que nos identifica y nos separa del resto; algo que nos convierte en únicos. En pleno siglo XXI no son pocos los frentes en los que se lucha por mantener este concepto social que sirve para unir personas con las mismas ideas. Luchamos por progresar, por conocer y por evolucionar, pero también combatimos para evitar invasiones y defender imperiosamente lo nuestro, lo propio, lo que nos identifica. Con la globalización detrás de cada esquina, nuestro colectivo, y cualquier otro dentro del primer mundo, no distingue ni de raza ni de color, abogando por el mestizaje social. Pero entre tanta fusión racial aparece un factor discordante, que marca distinciones entre individuos y condiciona brutalmente la constitución de la identidad.

En este entramado social, cada vez más complejo, encontramos un elemento vital, significativo y mínimo, una unidad que sirve como muro de contención para establecer relaciones sociales. La lengua es indiscutiblemente el pilar maestro que sostiene con fuerza esa identidad, sirviendo como única guía para marcar los múltiples caminos a seguir. En nuestro caso, el español es hilo conductor no sólo en el ámbito peninsular, sino también en Hispanoamérica. Esto da como resultado más 400 millones hispanohablantes, siendo la tercera lengua mundial, una cifra poco desdeñable de personas distribuidas entre más de veinte países por toda la geografía del planeta. Bien es cierto que nuestra lengua no es unitaria, existiendo variedades, no sólo entre países, sino también dentro de nuestras propias fronteras. A fin de cuentas, por muy diferentes que seamos, partimos de la misma base lingüística, y eso hay que hacerlo notar.

En el sector del ocio electrónico, por desgracia, tenemos una asignatura pendiente lingüísticamente hablando. La industria del videojuego no habla castellano. Como en otros marcos de la sociedad, el inglés inunda palabra por palabra la verborrea insertada en el sector. El idioma de Shakespeare ejerce, en parte, su particular dictadura en el terreno del ocio digital. Cuando dábamos nuestros primeros pasos tuvimos que disfrutar de videojuegos en completo inglés, manuales incluidos. Frases que a muchos, jóvenes, adolescentes y adultos, nos sonaban, nunca mejor dicho, a chino, convirtiendo en una odisea las partidas y multiplicando la satisfacción producida al completar un título. Era nuestra batalla particular, la cotidianeidad del Save Game, del Loading y del Continue. Carecíamos de identidad.

Poco a poco, con el paso de los años, la masificación del ocio electrónico y de su público, que alcanzó su punto álgido en la generación Playstation, sirvió como excusa para que las grandes compañías reconsideraran la situación, lanzando al mercado títulos en castellano, algunos —los menos— incluso doblados. Legendario Metal Gear Solid, de PSX, con la voz de Alfonso Vallés mutando en un símbolo añorado hoy día; Simbólico The Legend of Zelda Ocarina of Time, con su libro de diálogos al castellano. Habíamos dado un paso más, ya se hablaba castellano entre los chips de las plataformas más pobladas. Todo progresó de manera positiva, aunque en ciertas ocasiones también se dieron pasos atrás, llegando incomprensiblemente juegos en inglés, como Final Fantasy XI y World of WarCraft, este último ya disponible en castellano, como siempre causa del clamor popular. Nacía, con ello, el concepto de «Localización».

Y es que, a estas alturas, lo mínimo que «se debe despachar» es esto, contenidos en perfecto castellano. Pero todavía nos quedan muchos pasos por dar. Tenemos un idioma fuerte, que sufre de invasión idiomática de manera habitual, un intrusismo negativo para la lengua que marca tendencia y puede llegar a destrozar nuestra cultura. Precisamente, los medios especializados tenemos mucho que ver en ello, pues en no pocas ocasiones recurrimos a términos anglosajones para delimitar conceptos perfectamente adaptables a nuestra lengua. Personalmente, no habitúo a emplear palabras inglesas, como shooter o frame, que perfectamente pueden ser sustituidas por términos castellanos. El periodista y escritor Álex Grijelmo defiende a ultranza nuestra lengua en su obra Defensa apasionada del idioma español, en la que dedica un capítulo a la penetración del inglés en nuestra idioma y en el que, de seguir así, tendrá que actualizar las vías de penetración propuestas añadiendo el ocio electrónico.

Hace algunas semanas se dio un paso más en este ámbito. La editora y desarrolladora SEGA decidió con acierto localizar los títulos de sus próximos lanzamientos a nuestro idioma. Dos son los juegos con nombres castellanizados: El Universo en guerra: Asalto a la Tierra y Mario & Sonic en los Juegos Olímpicos. Y aquí se plantea la duda: ¿Es adecuado que los nombres de los videojuegos se localicen a nuestro idioma o por el contrario se ha de respetar el título original?. Considero que, por nuestro bien, hay que dar el siguiente paso con cautela. Será, a buen seguro, una herramienta útil, siempre y cuando se emplee con acierto y, por supuesto, no se le dé excesivo uso. De lo contrario, dentro de algunos años podríamos encontrar en tiendas juegos como Residencia endemoniada 6, Sepulcro vengador, Reino de los corazones o Fantasía final, títulos que al oído suenan como poco singulares.

Puede ser, como decimos, interesante hasta cierto punto, siempre en su justa medida. La prioridad es evitar, por supuesto, que esto se convierta en una tendencia generalizada con uso indiscriminado. Nuestro deber como profesionales y jugadores es defender el idioma, garantizando traducciones, doblajes y localizaciones de calidad, evitando que palabras ajenas a nuestro diccionario penetren de manera violenta en la lengua y mermen la riqueza del idioma, pero moderando con sabiduría la vena patriótica idiomática.

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