Noticias del español

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| Eileen Truax
La Opinión Digital (Los Angeles, EE. UU.)
Lunes, 2 de octubre del 2006

CUANDO ‘MAMÁ’ SE CONVIERTE EN ‘MOM’

Las nuevas generaciones aseguran que quieren conservar el uso correcto del español, 'like... you know'.


«Sopitos», dice el menú de un restaurante del este de Los Ángeles que tiene nombre en español, y procede a hacer una descripción del platillo: four thin «sopitos» topped with beans, chorizo and ranchero cheese. Llega una familia; los niños hablan en inglés entre ellos, la mamá pregunta en español qué van a comer y ellos responden también en español. El mesero pregunta en inglés qué van a ordenar y la mamá responde: «A mí me trae los sopes con frijoles y chorizo».


La escena se repite, y se repite todos los días no sólo en restaurantes, sino en las tiendas, los centros comerciales, en cada auto, en cada casa donde vive una familia hispana. Padres migrantes que conservan el uso del español como primer idioma, hijos y nietos que lo siguen utilizando para relacionarse con su familia, pero que cuando hablan con otros de su generación, cuando van a la escuela, cuando hacen su vida cotidiana, tienen como principal idioma el inglés.

Hace algunos días se dio a conocer un estudio realizado por los profesores Rubén Rumbaut y Frank D. Bean, de la Universidad de California en Irvine, y Douglas S. Massey, de la Universidad de Princeton, el cual señala que algunas generaciones después de que los inmigrantes latinoamericanos llegan a Estados Unidos se pierde el dominio del español y el inglés se convierte en el idioma predominante.

El texto contradice la creencia extendida desde hace algún tiempo y reforzada por el profesor Samuel Huntington en su libro ¿Quiénes somos? Los retos de la identidad nacional estadounidense, de que la inmigración latina hacia Estados Unidos podría crear una sociedad bilingüe y un cambio en la cultura y los valores estadounidenses debido a que la comunidad hispana no se integra al modo de vida americano.

De acuerdo con los resultados del estudio, aplicado en el sur de California por ser la región que contiene la mayor cantidad de personas que hablan español en todo el país, sólo 5 de cada 100 bisnietos de inmigrantes mexicanos serán capaces de hablar un español fluido.

Pero no es necesario esperar hasta la tercera generación para darse cuenta de la pérdida de dominio del español entre los niños y los jóvenes que han nacido o crecido en Estados Unidos. Muchos de ellos se han vuelto bilingües por necesidad, porque requieren del inglés para ir a la escuela, pero sólo se pueden comunicar con sus padres en español. Aun así, el ritmo de vida en este país hace que su lengua prioritaria sea el inglés.

«Está bien saber cómo hablar español para no perder las raíces, aunque los demás hablen en inglés. Debemos enseñar orgullo de ser lo que eres, que es ser hispano», dice convencida Pamela, de 15 años, cuyos papás son originarios de Aguascalientes. Sin embargo, Pamela reconoce que lo más difícil para ella es saber cómo pronunciar ciertas palabras, «y por eso a veces no me animo a decirlas».

Bianca tiene 15 años, nació en Estados Unidos y sus padres son de Jalisco. Al igual que Pamela, pertenece al grupo de jóvenes que cada martes se reúne en la iglesia de La Resurrección, en el Este de Los Ángeles, donde bajo la dirección del padre Luis Ángel Nieto, discuten temas de actualidad en pequeños equipos para luego exponer sus conclusiones ante el resto del grupo. Las discusiones entre ellos, la mayoría de las veces, se hacen en inglés, aunque todos se esfuerzan porque la exposición pública sea en español. Pero se nota que les cuesta.

«Yo siento más pasión por el español que por el inglés, porque me gustan más las palabras», dice Bianca, quien se jacta de no mezclar ambos idiomas. Sin embargo, cuando habla con sus amigos lo hace en inglés y muy rápido; en español tiene que bajar la velocidad.

Jasmín tiene 14 años y sus padres son de Zacatecas. Ella no está tan segura de sí misma cuando habla en español, aunque afirma que le encanta. «Como ya estoy acostumbrada a hablar con, like, todos…», dice, y suelta una carcajada al darse cuenta de que utilizó una muletilla en inglés. «Eso me pasa, estoy hablando y se me salen palabras like, you know…», dice, y vuelve a reír muriéndose de la pena.

Jasmín tiene muy claro que domina mejor el inglés, porque es el idioma que habla en la escuela e incluso en su casa, con sus hermanos. «Con la única que hablo en español es con mi mom, pero como no hablo mucho con ella, el resto del tiempo hablo en inglés».

—Pero cuando piensas, ¿en qué idioma lo haces?

—En inglés.

—¿Y en qué idioma sueñas?

—En inglés, dice sin dudar.

«Yo sueño en español», asegura Delia Zaragoza, de 14 años, quien es de padres mexicanos. «¿Y en qué idioma piensas?», se le pregunta. «Depende con quién estoy hablando. Si es con mi mamá, pienso en español».

La chica también se jacta de no mezclar los dos idiomas y de tener un buen vocabulario en español que, dice, se debe a que cuando era pequeña sus papás no hablaban inglés. «Entonces, cuando entré a la escuela sólo hablaba en español, so, fue muy difícil para mí, porque tuve que aprender ahí el inglés».

«Realmente mis hijos hablan los dos idiomas», dice por su parte doña Delia, la mamá de la joven. «Son bilingües porque en casa hablamos en español, pero siempre han estado en clases en inglés; y yo creo que por eso con sus amigos también hablan en inglés».

Cuando se le pregunta sobre la siguiente generación, sus nietos, la señora Delia sólo puede manifestar su confianza en que sus hijos les inculcarán el interés y el amor por el español. «Nosotros lo hemos hecho con ellos todo el tiempo; a veces se enojan porque les decimos que tienen que leer el periódico o revistas en español», señala, reconociendo que una cosa es hablarlo y, otra, es leerlo y escribirlo.

Pero la joven Delia no está muy segura de que seguirá la misma técnica que sus padres. «Para mí, en lo personal, como que sentí lo feo de no poder hablar con otros niños de mi propia escuela. ¿De qué te sirve saber español si no lo entienden? So, voy a buscar un balance con mis hijos, que hablen español, pero que también hablen bien inglés".

Elvin, originario de Honduras, escucha con atención a Delia y asegura que, para él, la prioridad será que sus hijos hablen español, idioma que le gusta más, «porque suena mejor que el inglés; el inglés es muy sucio, hay mucho slang»

—¿Dirty?, le pregunta otro joven.

—Yeah, is like… dirty, I don’t know.

—But there’s slang in México too. "Soy chido" también serían palabras sucias entonces, porque no las puedes usar.

—Pero no son groserías

—Pero no es el español correcto.

«Para mí, el español también es una forma divertida de hablar entre amigos», dice Pamela, reivindicando súbitamente al español. «Da una intimidad y te hace sentir que eres parte de algo», dice. Después repite la idea para sus amigos, en inglés.

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