Noticias del español

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| Conrado Granado
PERIODISTAS-ES (España)
Viernes, 4 de mayo del 2007

CUANDO EL IDIOMA ES LA HERRAMIENTA DE TRABAJO…

Si de los periodistas británicos de la BBC suele decirse que son de los que mejor hablan y escriben en el idioma de Shakespeare al utilizarlo en su trabajo, no podría decirse lo mismo en algunos casos —más de los deseables— acerca de ciertos colegas españoles con respecto al idioma de Cervantes. Es cierto que no se puede generalizar, pero en los últimos años estamos asistiendo a una proliferación de una serie de «palabros» y expresiones hasta hace poco desconocidas o poco utilizadas por estos pagos. Porque una cosa es la utilización de extranjerismos, que siempre ha existido, y en todos los idiomas, y a lo que no hay nada que oponer, y otra la invasión que denota a veces la falta de formación cultural de algunos, cuando no la imbecilidad, llegado el caso.


Porque diariamente leemos, escuchamos o vemos a través de las múltiples televisiones, expresiones como: «Hay que ir a Europa», «Debemos estar en Europa», hablando en términos deportivos cuando, que sepamos, España está geográficamente situada en el Continente europeo, y además, pertenecemos a la Unión Europea, con lo que el europeísmo nos pilla de rabo a oreja. Ya no hay campeonatos de fútbol, Copa de Europa, o algo que se entienda, sino champions, muy inglés, ello, sí, pero que cualquier ciudadano de a pie (es decir, no tan «culto» ni versado como algunos expertos periodistas, pero los que nos dan de comer, al fin y al cabo), puede confundir el término con el de champiñones, en lógica lingüística.

Tal vez por ello, y ante tanto desaguisado como está apareciendo cada día con más frecuencia en la jungla en que se han convertido, idiomáticamente hablando, los medios de comunicación (en los que también existen excelentes profesionales, orgullo de la profesión y del buen hacer), es bueno que de vez en cuando los que utilizamos el idioma español como herramienta de trabajo prestemos atención a lo que dicen los expertos en la materia, acudiendo a las fuentes del saber, que para eso están, y además son gratis… todavía.

En este sentido, a últimos del mes de abril se reunían en San Millán de la Cogolla (La Rioja), periodistas, expertos y responsables de medios de comunicación de España, Argentina, México y Estados Unidos, los cuales abordaron el tema del idioma común en el seminario «El español en los noticiarios de televisiones a ambos lados del Atlántico», reclamando la defensa del idioma español como patrimonio común de los hoy más de 400 millones de personas que lo hablamos en el mundo. Un encuentro de tres días en el que se dijeron muchas cosas, a las que no estaría de más prestar atención, por la cuenta profesional que nos trae a los que vivimos de su utilización diaria como herramienta de trabajo. El vicepresidente de la Fundación del Español Urgente (FUNDÉU), y presidente de la Agencia Efe, Alex Grijelmo, manifestó por ejemplo que «Tenemos que hablar como nuestro público, no levantar barreras», al tiempo que animaba a los presentes a utilizar menos anglicismos, ya que por ello la cosa a expresar no va a resultar a fin de cuentas más prestigiosa.

El periodista mexicano Jacobo Zabludovsky, por su parte, puso de manifiesto el papel de «maestros» que tienen hoy en día los periodistas, sobre todo los que trabajaban en televisión, por la gran influencia sobre la gente de lo que los mismos dicen, razón por la que están obligados a hablar bien. Más que «maestro», y ante la proliferación e influencia en la sociedad de los medios de comunicación, podría decirse que los periodistas han llegado a convertirse en cierta manera en los «apóstoles» del idioma, ya que a modo de ejemplo, mientras un lingüista, un profesor universitario puede ser escuchado por sus escasos cientos de alumnos, o leído por algunos miles de personas que compren sus libros, un periodista, presentador, columnista, editor, por su parte, puede llegar a ser escuchado o leído por millones de personas. De ahí la gran responsabilidad en la correcta utilización del idioma.

Tal vez por ello, y ante cierta impunidad que se está produciendo en cuanto a su utilización por parte algunos profesionales en las televisiones, nuestro «gran hermano» actual, Zabludovsky propuso que haya en las mismas «un vigilante de la palabra, el equivalente a un corrector de estilo, capaz de enseñar a hablar a quienes lo hacen sin saber». Ahí puede radicar precisamente uno de los motivos por los que actualmente se escribe como se escribe: en que ha desaparecido la profesión de corrector, esa persona que venía a ser la red protectora del idioma, por la que más de uno se lanzaba al vacío, a escribir como mejor le parecía o sabía, consciente de que una vez entregados los folios a la imprenta, alguien podría hacerles «un apaño» para dejarlo en condiciones, llegado el caso. Cuando ha desaparecido la red, sólo nos queda la verdad desnuda, esa que nos invita a mirarnos menos al ombligo, y más al espejo de nuestra realidad.

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