Noticias del español

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| J. Antonio Aspiros V.
www.teotihuacanhoy.com, México
Jueves, 5 de julio del 2007

CRECE LA IMPORTANCIA DEL IDIOMA ESPAÑOL

Al piloto español Fernando Alonso no le basta con que su compañero de equipo, el moreno debutante británico Lewis Hamilton, lo traiga por la calle (más bien por los autódromos) de la amargura; ahora el Instituto Cervantes lo fastidia también con una sugerencia: que hable para la televisión mundial en su idioma materno.


Durante el reciente IV Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en Cartagena de Indias, Colombia, esa organización propuso al bicampeón mundial de Fórmula Uno que utilice su habla natural cuando celebre sus victorias y conceda entrevistas y conferencias de prensa.

De acuerdo con una nota de la revista 4ruedas (# 152, mayo 2007), el Instituto Cervantes aconsejó a Alonso Díaz que anteponga el español al inglés, «ya que por ser un deportista admirado en varios países de habla hispana, podría convertirse en portavoz de 500 millones de personas, así como fomentar el uso del español» en el mundo.

Y según la página de Internet F1 al día, el director del Instituto Cervantes, César Antonio Molina, escuchó de Alonso un lamentable «no tiene importancia», cuando le expuso como algo «importantísimo que tú, todas las veces que vas a ganar en el Campeonato Mundial de Fórmula Uno, cuando celebres, grites en español, no en inglés».

Fernando es el único que habla español, de los 22 que integran actualmente la élite de pilotos de Gran Premio, ya que el colombiano Juan Pablo Montoya emigró en el 2006 a otra categoría y, además, se le entendía mejor en inglés cuando era entrevistado.

Un canal de televisión que trasmite la Fórmula Uno en la lengua cervantina para los países latinoamericanos (pero que tiene su nombre en inglés: Fox Sports), difunde con frecuencia declaraciones de los protagonistas de ese espectáculo y, en ellas, Alonso sí se expresa en español. No es el caso cuando los tres que llegan al podio en cada carrera, son entrevistados oficialmente y deben expresarse primero en inglés, y al final en la lengua de cada quien.

Lo importante del caso es que las organizaciones encargadas del idioma: la Real Academia Española (RAE), la Asociación de Academias de la Lengua Española y el Instituto Cervantes, están trabajando hasta con los deportistas de habla hispana cuya fama los lleva a las pantallas de la televisión internacional, para buscar una mayor difusión del lenguaje nativo de Sor Juana, García Lorca, Martí, Darío y Borges.

En la era de la globalización, es decir, de la controvertida apertura de las economías a las mercancías y capitales extranjeros, la lengua inglesa es por ahora la dominante, y también se le emplea para la difusión mundial de los avances científicos y tecnológicos. Sin embargo, aún en ese caso los países del mundo donde se habla español cobran cada vez más importancia, porque su crecimiento demográfico —consumidores potenciales— es mayor que el de otras regiones.

Según el libro La globalización ¿Un futuro para todos? (Larousse), en el año 2030 la población de América Latina habrá crecido casi al mismo ritmo que lo hizo en el periodo 1970-2000: un 86 %, cifra superior a la media mundial que fue del 66 %.

EL PAPEL DE LOS MEDIOS

Es decir, cada vez más consumidores, pero también más creadores de cultura hablarán español, pues además hay que tomar en cuenta que millones de habitantes de Estados Unidos son de origen hispano, y que cientos de miles en Europa, Asia y África, han elegido el idioma de Cervantes como su segunda lengua y cada año aumentan quienes la están estudiando.

Tal vez conscientes de ello, las Academias han organizado ya cuatro congresos internacionales de la lengua española, en los que han estudiado el impacto que sobre ella han tenido las nuevas tecnologías, los medios de información, las migraciones, el comercio y la diversidad cultural de los países hispanohablantes.

La intención ha sido también buscar reglas comunes de ortografía y gramática, y la difusión en esas naciones, de los diferentes significados que tienen infinidad de palabras en cada lugar. Este esfuerzo dista mucho del propósito restrictivo que tuvo en México la Comisión para la Defensa del Idioma Español, que creó el gobierno en el sexenio de José López Portillo, pero a juzgar por los contenidos de la edición 22 —la más reciente— del Diccionario de la Lengua Española (DRAE), de la Real Academia, se han ido a extremos de laxitud.

Mientras que aquella Comisión nació ante la avalancha de razones sociales comerciales e industriales con nombres extranjeros (y eso que eran menos que ahora), la RAE se dedicó a adoptar nuevas palabras de supuesto uso generalizado y permanente, y llevó muchos desagradables extranjerismos y neologismos a su diccionario.

Si es molesto que los comentaristas de automovilismo de Fox Sports digan «esponsorización» (del inglés sponsor) en lugar de «patrocinio», más preocupante resulta que el DRAE haya agregado esa voz a sus páginas y la defina como 'acción y efecto de esponsorizar'. Este es sólo un ejemplo de los muchos que se podrían criticar a los académicos, que levantan de la prensa cuanta palabra les parece útil y la ponen en su libro o, cuando menos, en su página de Internet.

Por esto, los órganos de información tienen una responsabilidad que cumplir en el uso del lenguaje, y como las universidades no han asumido la tarea de exigir a los estudiantes de la licenciatura de periodismo que aprendan el idioma y calificarles ese conocimiento, deberían hacerlo los propios medios entre su personal, y también las organizaciones gremiales en sus planes de capacitación.

Da pena leer o escuchar a muchos periodistas que tal vez sean excelentes reporteros, pero pésimos redactores que, además, no reconocen la necesidad de expresarse, ya no digamos con estilo, sino al menos con las debidas ortografía y sintaxis. Tal vez piensen, como Fernando Alonso, que «no tiene importancia». Estarían equivocados también.

El autor ha escrito desde los años 70, para diversas publicaciones, las columnas 'La tinta y la palabra' y 'Gutenberg XXI', y las secciones 'Para leer este mes' y 'Qué leer'.

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