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| Álex Grijelmo (El País.com, España)

Cornadas en el idioma

Si decimos que un futbolista tuvo el gol en la bota, nadie pensará en su bota de vino.

Los mozos que años atrás participaban en los encierros sufrían cornadas. Es decir, las reses los corneaban; y por tanto, eran corneados. Pero en los Sanfermines de los últimos años ya no han sufrido cornadas ni han sido corneados, sino que «recibieron heridas por asta de toro».

Lo alargado de la expresión recuerda aquello de «caerán precipitaciones en forma de nieve» (o sea: «nevará») que se oye en la información meteorológica invernal.

Y así como las precipitaciones no tienen más remedio que caer, a esas astas no les queda otra solución que pertenecer a un toro, si de los encierros veraniegos hablamos y si nos referimos sólo a las cornamentas visibles. (Las otras cornamentas no suelen causar daños a terceros).

La expresión «herida por asta de toro», que tanto circula ahora en los medios informativos, nace del lenguaje técnico, que tiende a la precisión científica y se diferencia tanto del que utilizamos el resto de los mortales. Sin embargo, no parece que aquí la locución «asta de toro» añada algo respecto de la palabra «cuerno». Por tanto, en este contexto pueden equipararse las expresiones «sufrió una herida por asta de toro» y «sufrió una herida por cuerno».

Claro, esta segunda opción suena rara. Y suena rara porque nadie la pronuncia. Y nadie la pronuncia porque en vez de «herida por cuerno» solemos decir «cornada».

[…]

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