Noticias del español

| |

| Yonny Galindo Marín
El Tiempo, Venezuela
Martes, 18 de julio del 2006

CONTINÚO CON LA LENGUA

Seguimos pegados con la palabra. La semana pasada escribimos del uso de ella en la casa, en esta oportunidad vamos a darle con la escuela y su participación en la formación, uso y defensa de nuestro más preciado bien cultural.


Se pueden trazar cuantas estrategias metodológicas haya para enseñar lengua y literatura, pudiéranse tener los mejores y más actualizados recursos didácticos para un aprendizaje creativo, pertinente y adecuado, se pueden tener los mejores y más enjundiosos libros de lenguaje y literatura, pero si no se cuenta con un maestro que sea buen usuario de su lengua de nada sirve todo eso y es muy poco lo que al respecto podrá hacerse.

No es tener en el aula «puristas» o «policías» del idioma, bien lejos con ellos porque resultan más perniciosos que el lego o aprendiz, sino alguien que hable y escriba en clases con propiedad y autoridad de conocimiento, pero sobre todo que sea capaz de enamorar a sus estudiantes con esa frase oportuna, clarificadora, prodigiosa y hurgadora del mundo referente; que se convierta el maestro, como decía Mariano Picón Salas de su amigo Ángel Rosenblat, en un Humboldt o explorador de las palabras.

Ese es el docente de lengua que necesitamos. Más allá de sabidurías y portentosas cátedras idiomáticas, literarias y gramaticales, lo que se requiere es de la sencillez, de la pertinencia y adecuación en el prolijo manejo de la palabra para que se ganen del niño y del joven algo que desde hace algún tiempo hemos venido perdiendo: el respeto y la admiración de ellos.

Lengua y Literatura más que enseñarse, como pudiera hacerse con las funciones trigonométricas, se transmiten seductoramente. No nos enfrasquemos en atiborrar a los alumnos de informaciones sueltas, descoyuntadas, biografías insulsas y fastidiosas de quienes en vida no lo fueron, datos de obras y autores, géneros, tropos, figuras estilísticas, corrientes literarias que llegan a la mente del estudiante como amasijo de hierro retorcido o hebras enredadas que resultan imposibles de darle un orden lógico. Nada de eso le da pertinencia al hecho literario, por el contrario, lo aleja del sentido lúdico y estético con el que fue creado. El orden mental y la organización estructural del pensamiento son directamente proporcionales al uso adecuado de la lengua.

Nuestros estudiantes egresan del bachillerato sin saber agrupar diez palabras con el debido respeto al orden sintáctico de la escritura. ¿Qué ha pasado que en once años de escolaridad no han aprendido a hacerlo? Para aprender a nadar hay que zambullirse y nadar, pues en las escuelas y liceos no hablan ni escriben los maestros, mucho menos nuestros alumnos y cuando lo hacen son galimatías que se escuchan y se leen.

Eso que no tiene ningún atributo ni sentido para la vida del estudiante es lo que oyen y tienen que repetir, para luego mal escribirlo en un examen, mientras que la calle les dice en su habla de lo que más les gusta, les persuade a romper cánones y transgredir toda autoridad.

Los jóvenes son en esencia irreverentes, transgresores, iconoclastas, alejados de la razón y apegados a las pulsiones del cuerpo. Así han sido por los siglos de los siglos y no dejarán de serlo, por lo que se hace necesario un maestro de lengua que tenga una lectura de cada uno de sus estudiantes y a partir de ahí pueda emprender estrategias con lecturas bien seleccionadas y narraciones de su propia voz que den explicaciones coyuntadas entre el deber ser de la condición humana y los conflictos que los agobian y los puedan alejar del verdadero valor de la vida, así como también de la realidad social e individual del ser que tiene frente a sí.

Esa buena lectura queda como aprendizaje significativo que bien puede servir como la primera lumbre para una posterior visión más amplia de la vida y el mundo. Por eso es tan importante la lengua por lo que seguiré con ella en los próximos artículos.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: