Noticias del español

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| Alexis Márquez Rodríguez
Tal Cual, Venezuela
Martes, 10 de junio del 2008

CON LA LENGUA: FORMACIÓN DE LOS APELLIDOS (3)

Los patronímicos castellanos formados con el sufijo «-ez» aparecen también en Catalán, pero terminados en «-is» o en «-es»: Peris (de Pérez), Llopis (de López), Gomis (de Gómez) o Llodrigues (de Rodríguez).


Igualmente los mismos apellidos castellanos terminados en «-ez» se usan en Portugués, pero cambiando la terminación en «-es»: Fernándes, Rodrigues, Gomes, Lopes, Marques, etc.

Tenemos también en Castellano apellidos provenientes de apodos o sobrenombres. Durante mucho tiempo los apodos o sobrenombres tuvieron como único propósito, precisamente, ese de identificar a las personas más allá de su nombre de pila, y a menudo se adoptaban sobre la base de una característica de la persona. Se decía, por ejemplo, Pedro el gordo, Antonio el rubio, Félix el barbudo, Luis el feo… Con el tiempo Gordo, Rubio, Barbudo, Feo… pasaron a usarse propiamente como apellidos, inicialmente de los descendientes de quienes los llevaban como apodos identificadores, hasta generalizarse.

Las características de la persona que daban origen a tales apodos no fueron sólo de tipo físico, también se formaban apodos a partir de rasgos psíquicos, que luego se convirtieron en apellidos: Alegre, Bueno, Malo, Bravo, Franco…

Algunos apellidos se formaron no propiamente de un apodo, sino de nombres de animales o plantas que de alguna manera se relacionaban con los primeros en llevarlos, y luego pasaron a sus descendientes, hasta generalizarse como apellidos: Borrego, Toro, Becerra, Trigo, Parra, Olivo y su derivado Olivares, Naranjo, Manzano…

Un caso peculiar es el apellido Cabeza de Vaca, poco frecuente, pero famoso en España por Alvar Núñez Cabeza de Vaca, figura importante de la Conquista española, primero en la Península de La Florida y la zona sur de Estados Unidos, ribereña del Golfo de México, y más tarde en el sur del Continente, con actuación muy destacada en el Río de la Plata y Paraguay. Contrariamente a lo que pudiera creerse, el apellido Cabeza de Vaca no tiene nada que ver con ese animal, sino que es un toponímico, y proviene de una región llamada de ese modo, en la Provincia de Orense.

Otro caso curioso es el del apellido Ladrón, que no tiene, como pudiera pensarse, relación alguna con la conducta del que roba bienes ajenos. Ladrón proviene del vocablo latino «latro, onis», que inicialmente en ese idioma no tenía valor peyorativo, y designaba a un soldado mercenario, y por extensión a la persona que, mediante una paga, servía a otra para su defensa, es decir, un escolta o guardaespaldas. Más tarde el vocablo adquirió la acepción referente al que roba o hurta. En Latín también se usó el vocablo «latro, onis» como apodo o sobrenombre, y se sabe que lo llevaba un retórico amigo de Séneca, conocido como M. Porcio Latrón.

Hay también apellidos que aluden a situaciones particulares, de parentesco, estado, edad, etc.: Nieto, Sobrino, Pariente, Padrino, Casado, Soltero, Mayor, Muchacho, Niño, Infante…

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