Noticias del español

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| Lucía Teissier
vanguardia.com, México
Jueves, 16 de noviembre del 2006

CON EL EDITOR: CÓMO HABLAMOS

En pleno siglo XXI, los mexicanos seguimos cometiendo una numerosa variedad de errores de lenguaje.


Es evidente que con el paso de los años nos hemos empeñado en disminuir y deslustrar la lengua que heredamos de nuestros abuelos españoles.

Y es notable que tal cosa ocurra cuando casi todos los habitantes de este bello país pasamos varios años de nuestras vidas en la escuela, pues es clara la impresión de que nuestros abuelos, muchos de ellos analfabetos, se expresaban con mucha mayor corrección que nosotros.

Algo, tal vez mucho de lo que ahora ocurre con el lenguaje popular se lo debemos a la televisión. Es innegable que mucho de lo que llaman «la cultura popular» se debe a ese omnipresente medio de comunicación.

Pero no puede negarse que junto con algo de conocimiento y un poco de cultura, la Tv ha regalado a los mexicanos un lenguaje tan plagado de errores de todas clases, que nuestros antepasados se horrorizarían de escucharlo.

Hoy tengo dos —sólo dos— casos para ilustrar esto que afirmo. El primero es el uso del verbo «tomar» en vez de «rendir» cuando el complemento es el sustantivo protesta.

Vanguardia de ayer publicó una pequeña fotografía del diputado federal panista Santiago Creel Miranda en la esquina inferior izquierda de la página 2 de la sección primera, y el pie de foto dice textualmente: «Calderón tomará protesta como Presidente electo de México en San Lázaro y cualquier otra propuesta está absolutamente descartada».

Lo dicho por Santiago Creel —y citado textualmente por Vanguardia— es, evidentemente, una mentira. Santiago Creel no «tomó» protesta. La verdad es que «rindió» su protesta como candidato a la Presidencia de la República, y el corto texto no aclara quién le «tomó» la protesta al hacerle la pregunta de rigor: «¿Protesta usted… », lo que sea que el texto oficial señale para este caso.

La otra frase que pongo a su consideración, lector, es el nombre de una agrupación política que en las últimas semanas ha aparecido en los periódicos en repetidas ocasiones: «Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca». Claro que, si es popular, es de los pueblos. O si usted lo prefiere, claro que si es de los pueblos es popular.

Aquí se trata de un vicio de lenguaje tan conocido como frecuente: es un pleonasmo. Pero ésta no es una cátedra de lenguaje, sino una sección de comentarios. Lo que, en el caso, también cumple.

Es cierto que ya no decimos «haiga» por «haya» ni «truje» por «traje». Las múltiples expresiones de esta laya que eran tan comunes entre los mexicanos todavía a la mitad del siglo 20 han desaparecido casi totalmente, muchas de ellas sin el «casi». Lo triste es que lo que hemos ganado con esa desaparición y otros cambios registrados en el lenguaje diario del último medio siglo, lo hemos perdido en amplitud de vocabulario y en claridad de expresión —si lo duda—, sólo escuche la conversación de un grupo de adolescentes.

Hasta el llamado lenguaje literario, el que usan los escritores en sus obras, es actualmente mucho menos vario y expresivo. El número de sustantivos y adjetivos, y aun el de verbos, que ahora usamos es sensiblemente menor que el que usaban nuestros abuelos. Y para demostrarlo basta con comparar los textos que incluían los libros de lectura hace cinco décadas con los que ahora forman parte de los que leen nuestros nietos.

Es una lástima porque es una pérdida, y toda pérdida implica agravio. Tal vez hacer que nuestros jóvenes lean textos «antiguos» —del siglo XX, por ejemplo— cambiaría algo. Sin embargo, la gente no habla con el lenguaje de los libros. Habla con el lenguaje que va eligiendo, por más claro, más fácil de entender. Fatalmente, la lengua va perdiendo mucho en esta evolución, que es irremediable.

Procuremos, al menos, que lo poco que hablamos y escribimos sea claro y correcto. Sin estiramientos ni demasiadas exigencias, claro.

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