Noticias del español

| Laura Ventura. La Nación (Argentina)

Cómo se hace un diccionario

Un recorrido por los pasillos y salones de la Real Academia Española para conocer la exhaustiva actualización del libro que presenta, no sin polémica, las definiciones de nuestra lengua

Todos los jueves, a las 19.30, suena una campanilla en la Real Academia Española (RAE). En su elegante sede a metros -apenas una escalinata- del Museo del Prado se reúnen en torno una gran mesa ovalada los filólogos, intelectuales, catedráticos, científicos y escritores que integran la institución. La delicadeza del tintineo marca el tono y el estilo de la sesión que está por comenzar. La responsabilidad es colosal: hallar la definición más precisa posible para un grupo de palabras que pasarán a integrar, o no, el diccionario más consultado de nuestra lengua. Los miembros ocupan sus sillones, uno por cada letra -mayúscula y minúscula- del abecedario.

Para llegar a esa sala se atraviesa un pasillo custodiado por copias de la serie Los caprichos, de Francisco de Goya (los originales, que pertenecen al tesoro de la RAE, están guardados en la bóveda de seguridad). Por ese mismo corredor, hace dos meses, caminó Santiago Muñoz Machado, el miembro más reciente de la Academia, en la ceremonia de ingreso a la que asistió a la Revista. El protocolo indica que, luego de ser elegido por los académicos, el flamante miembro debe preparar un discurso y presentarlo en un acto público, donde aborda una problemática de la lengua o la literatura. Vestido de frac, ingresa al salón principal acompañado por los dos últimos miembros que han tomado posesión. A su derecha se encuentran las autoridades de la Academia; a su izquierda, quienes serán sus nuevos compañeros; en el centro, el director, debajo de dos lienzos: el de Felipe IV, el monarca que auspició el surgimiento de esta institución, y por Miguel de Cervantes, el máximo exponente de la literatura española. A este discurso de ingreso le sigue la contestación de un académico que le da la bienvenida, y luego la entrega de una medalla que deberá ser devuelta a la institución a la muerte del académico, puesto que estas distinciones son las mismas desde que la RAE surgió, en 1713.

Ajena al gobierno y a los partidos políticos, desde su nombre la RAE expresa su origen como institución que emana de la corona española. Los reyes siguen de cerca las actividades de sus ocho academias, en particular de ésta, la más conocida en todo el mundo hispano.

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