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| Informe especial
Nuevo Diario Santiago del Estero (Argentina)
Lunes, 22 de mayo del 2006

CÓMO SE GESTÓ EL BILINGÜISMO EN SANTIAGO [DEL ESTERO]

La convivencia entre indios y españoles dio nacimiento al quichua de la provincia. Dos lenguas lejanas triunfaron sobre las demás.


A mediados de julio de 1543 partió del Cuzco una expedición al mando del capitán Diego de Rojas —otros historiadores dicen que salió en 1542— al mando de 250 españoles que hablaban el castellano —otros dicen 300— y yanaconas peruanos, que hablaban quichua.

En esa convivencia de la marcha, por imperio de las circunstancias, el hablante quichua que componía el personal de servicio de la expedición, ya empezó a tomar algunas voces y giros castellanos, temprana hibridación que andando el tiempo nos habrá de dar una nueva forma dialectal que aquí se llama quichua santiagueño para incorporarlo al mundo de la lingüística, como un dialecto nuevo, desprendido de la lengua madre, que es el quichua peruano, que junto con los quichuas colombianos, ecuatorianos y boliviano integran el ámbito del quichua de América. Esta fue la Primera Entrada. Ya en tierra Argentina, el jefe castellano dejando el conocido camino de Chile, transitado en épocas prehispánicas por las tropas de Tupac Yupanqui y luego por Diego de Almagro, dominó el Aconquija y se lanzó a los llanos de la falda oriental.

La expedición sin ninguna dificultad llegó a la región que hoy es Santiago del Estero, donde encontró tenaz resistencia nativa, al punto tal que los aborígenes en acto de guerra, en la batalla de Maquijata hirieron de muerte al capitán Diego de Rojas y cuyos restos quedaron en tierras santiagueñas a consustanciarse con ella como un símbolo.

La expedición siguiendo su curso llegó a Salavina y Soconcho donde fundó una población bilingüe que llamó Medellín. Aquí permanecieron algún tiempo para proseguir luego su camino hacia el sur hasta llegar al Paraná de donde regresaron por el mismo camino de vuelta al Perú.

En todo el trayecto de la falda del Aconquija hasta el Paraná en su trayecto de ida y vuelta los expedicionarios no hallaron hablantes quichuas. Dominado el indígena en la guerra, había asimilado el nuevo orden social creado por la conquista y para ellos había que conquistar el espíritu.

Así lo comprendió el Vaticano, asociado a la Corona de España para la conquista de América. Esta disposición fue acatada por los Concilios de Lima que dispusieron evangelizar al indígena americano en cuatro lenguas generales que fueron el azteca, quichua, guaraní y aimara.

Al Tucumán, cuya capital política, militar y teocrática era Santiago del Estero, le correspondió el quichua. Su propio obispo Fray Francisco de Victoria, concurrió al Concilio de Lima que impuso el quichua como lengua de evangelización, con terminantes disposiciones (1582-1583) y firmó las actas. Y para dar cumplimiento de sus perentorios mandatos se imprimió en lengua quichua.

De este modo, Santiago del Estero fue epicentro de una tesonera campaña de evangelización en lengua quichua, lo que dio por resultado el dominio del quichua sobre el castellano, como lo demuestra la carta del obispo Maldonado en 1535, que pidió al rey que prohibirse el uso del quichua en Tucumán porque hasta los españoles preferían hablar esta lengua. Pero el rey Felipe II, para evitar un enfrentamiento con el Vaticano, prefirió dejar las cosas como estaban. Sólo más de un siglo después, Carlos III, en Cédula Real firmada el 10 de mayo de 1770 en Aranjuez, prohibió el uso de la lengua quichua en el Tucumán, pero la medida llegó tarde, pues el quichua ya se había conciliado en Santiago del Estero.

A este centro quichua, constituido en Madre de Ciudades lingüísticamente, bien se podría aplicar la teoría de las ondas en la difusión de esta lengua puesto que cada capital de la provincia fue un subcentro difusor del quichua en la extensa región del Tucumán de la conquista y de la colonia. A pesar de la prohibición de hablar quichua por Carlos III en el año 1770, aún se habla quichua en catorce departamentos de la provincia de Santiago del Estero.

Estas lenguas triunfantes no han llegado a fusionar un dialecto, sino que han mantenido su personalidad lingüística, constituyendo un bien definido bilingüismo, puesto que el castellano siempre fue castellano, y el quichua siempre fue quichua. A ello se debe que el problema lingüístico de Santiago del Estero, en su vigencia actual, se reduzca al bilingüismo castellano-quichua, en todas las instancias de la lengua; morfofonética, semántica y estilística.

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