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| MARTA ORTIZ GINESTAL (20minutos.es)

¿Cómo elabora la RAE cada nueva edición del diccionario?

•Trece años después de publicar su última versión, la Real Academia Española casi ha terminado la 23.ª edición del Diccionario de la lengua española.
 Verá la luz en el mes de octubre, como broche a la celebración del III Centenario de la institución.
• La evolución de algunas palabras es muy curiosa y se puede consultar en el Nuevo tesoro lexicográfico de la lengua española.

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Los libros nuevos emanan un delicioso olor a tinta, a papel recién cortado, a sabiduría. Un aroma que te traslada a la Feria del Libro, al mes de septiembre y los libros de texto. Entre nuestras manos, culpable de semejante ensoñación, se alza orgulloso el primer volumen de una flamante edición facsimilar del que fuera entonces, allá por 1726, el Diccionario de autoridades. Una obra creada en los albores de la Real Academia Española, cuyo fin fue convertirse en su primer repertorio lexicográfico y en la norma culta que nuestra lengua demandaba, y que otras lenguas europeas ya tenían.

Su particularidad, quizás, y lo que le concedió el apellido de autoridades, fue el sustento sobre el que se apoyaron sus directrices: los grandes escritores de las letras hispánicas; aquellos que, según el prólogo de la obra, trataron nuestro idioma con la mayor propiedad y elegancia y de los que se tomaron citas para justificar las acepciones de las palabras. Hoy, esta creación, que tardó 13 años en ver completada su publicación, regresa a las librerías con motivo del tercer centenario de la Casa de las Palabras, en edición facsimilar popular y en versión de lujo para coleccionistas.

DICCIONARIO. (Del b. lat. dictionarium) 1. m. Libro en el que se recogen y explican de forma ordenada voces de una o más lenguas, de una ciencia o de una materia determinada. El de autoridades fue el primer diccionario de una saga que daría a luz 22 hijos, o diccionarios, o más bien 22 ediciones de un diccionario que ha llegado hasta nuestros días con buena parte de la esencia inicial que invadió a la valiente Academia. Con pocos medios pero mucho empeño, sacó adelante el libro de referencia que es hoy el Diccionario de la lengua castellana y que no cambiaría su nombre por el de Diccionario de la lengua española hasta su 15.ª edición (1925).

Su primera edición, del año 1780, contaba con 46.000 artículos (poco más de la mitad de los 88.000 lemas que posee la obra de 2001). Suprimió las citas de autoridades que sirvieron para justificar las definiciones de cada artículo en la primera gran obra de la Academia y consolidó el sistema de abreviaturas y marcas del diccionario.

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La Fundéu, cuya virtud principal es, en palabras de su director, «su conexión con la actualidad, y la tensión informativa», reconoce un posicionamiento tal vez más arriesgado. «De la misma manera que nos consideramos minusculistas, también somos partidarios de la feminización, por ejemplo, de los cargos profesionales, de la jueza frente a la juez o la médica frente a la médico, o incluso de la pilota frente a la piloto», recalca Joaquín Müller-Thyssen. No obstante, al margen de pensar si es o no es deseable –o posible– lograr un habla políticamente más correcta, o un diccionario políticamente más correcto («¿Pero quién marca lo correcto?», reflexiona Villanueva), lo que realmente hay que plantearse es si los hablantes se expresan así o, por el contrario, estos nuevos giros que adopta el lenguaje resultan forzados.

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