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Enrique R. Soriano Valencia

www.correo-gto.com.mx

Jueves, 29 de Septiembre de 2011

CHISPITAS DE LENGUAJE: LEYES Y ORTOGRAFÍA II


La semana anterior señale que las leyes y reglamentos en todo México presentan desapego a las normas de nuestro idioma. Si uno de los criterios jurídicos para la interpretación es el ortográfico, entonces los propios legisladores (y quienes les asisten) están propiciando equívocos al no ser más escrupulosos en este aspecto.


Regularmente, constituciones, códigos, leyes, reglamentos, ordenamientos, bandos y acuerdos (en general todo lo normativo) presentan mayúscula sostenida en los encabezados. Eso es un estilo antiguo, pero lo admite la ortografía (igualmente arcaico es la costumbre de iniciar con mayúscula cada una de las palabras significativas –no las de enlace, como las preposiciones y artículos– de los nombres de las leyes; pero, se acepta). El problema es que a buena cantidad de encabezados les falta la acentuación gráfica. En el Código Municipal de Aguascalientes (www.ordenjuridico.gob.mx, de la Secretaría de Gobernación), las palabras «código», «capítulo» y «artículo» (enunciadas en mayúscula cada letra) aparecen sin la tilde respectiva. Tanto la Ortografía de 1999 como la de 2010 (ambas elaboradas por el conjunto de academias de la Lengua) enuncian que las mayúsculas jamás han sido exentas de la tilde o acento gráfico. La prueba misma la exponen las propias leyes que en ocasiones sí aparecen con la tilde y otras no. Hay inconsistencia, por tanto, en su elaboración; no se aplica un criterio uniforme.

 

Por otra parte, hay ya tendencia a desaparecer del articulado los números ordinales (primero, segundo, tercero, etc.). Había la costumbre de usarlos para los nueve primeros artículos. La numeración ordinal tiene por propósito dar orden a la exposición. Normalmente la intención es de prevalencia (como en una carrera, quien llega en primer lugar, es más destacado que el del segundo). ¿A las leyes podría aplicarse ese criterio? Evidentemente, el primer artículo no es más importante que el segundo, no hay prevalencia. Por tanto, debe recurrirse a los números cardinales (los de uso común). Desgraciadamente, muchos congresos y municipios aún mantienen esa costumbre (o hay demasiadas leyes con esa particularidad de reciente elaboración).

 

Desconozco si ha sido la ley la que ha influido a la sociedad o así lo enseñan las escuelas de Derecho, en virtud que contratos, convenios y cualquier instrumento jurídico también presentan el mismo error. La técnica jurídica en su fase descriptiva recurre a las reglas de la Gramática y de la Ortografía. Por tanto, debería considerarse el manejo adecuado de los numerales en la enunciación de documentos. La redacción por imitación de formatos recrea prácticas impropias, pues nada garantiza que el modelo esté correctamente enunciado. Eventualmente, en el articulado llamado transitorios, podría dar cabida a un orden secuencial o de prevalencia.

 

Otra inadecuada costumbre es enunciar el número seguido por el punto y el guion. Este último es una viñeta que normalmente se usa para cuando se listarán varios aspectos. Entonces, ¿por qué recurrir al guion si para presentar aspectos subordinados se recurre a las fracciones (numeradas en romano) e incisos (presentadas mediante letras con medio paréntesis)? Con el punto es suficiente. El caso extremo lo observo en casos como el Reglamento de Construcciones del municipio de Candelaria, Campeche (no es el único documento), en que los incisos también los exponen acompañados de punto y guion. La viñeta se construye únicamente con la letra y el medio paréntesis. Continuaré con este tema.

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