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| Enrique R. Soriano Valencia
correo-gto.com.mx, México
Jueves, 15 de julio del 2010

CHISPITAS DE LENGUAJE: EL PÁRRAFO Y SU CONSTRUCCIÓN

De nada sirve tener ideas maravillosas o información importante si no atrapa al lector.


Grandes ideas seguramente se han perdido por ello. A nadie interesaron. Y es que, básicamente, la habilidad expositiva tiene enorme peso en el lector, en la simpatía, interés, deleite o gusto. En contraste, muchas malas ideas o conceptos superficiales han creado un buen impacto y sabor de boca, por la forma en que son desarrolladas.

Tradicionalmente, se escriben párrafos en desorden, con frases inútiles (de más) y exceso de comas (oraciones delimitadas por el punto y seguido, permite una mejor comprensión). Eso, además de confuso, deja en la indiferencia al lector, pues muchas veces no está contextualizado para valorar cuál fue el dato o la información importante. Suele perderse así a quien lee.

Me cito a mí mismo, en una publicación titulada Guanajuato, tierra de contrastes:

«Guanajuato es una tierra recia y delicada; inquieta y serena; grandiosa y sencilla. De sus entrañas ha brotado la mitad de la plata que recorre el mundo. El Bajío —planicie bendecida por el Lerma y sus afluentes— alimenta a naturales, coterráneos y extranjeros. Su gente sembró la semilla libertaria en la Nación. Sus ciudades —con ese arraigado sabor provinciano— mesuradamente hacen llegar el progreso, sabiamente respetando tradición y costumbres. Su arquitectura habla de su esplendor. Y su dulzura se percibe en el ama-ble recibimiento a quien pisa tan heroico suelo. Guanajuato es puerta colonial que abrió libertad, que transita por el progreso y que sabe hablar de futuro».

La primera oración es un resumen de todo el párrafo. Es decir, se debe iniciar siempre por la información resumen, de mayor impacto o más relevante. Las oraciones siguientes se construyen apoyando cada aspecto. Note, amable lector como cada una de las calificaciones (recia, delicada, inquieta, serena, etc.) se transformó en una oración completa en el cuerpo del párrafo.

Finalmente, remata con una oración resumen. En la última oración nuevamente se reúnen los elementos más significativos expuestos para dar contundencia, fuerza.

Este modelo de párrafo sirve para casi todo. Particularmente, para argumentar. Es decir, se inicia por la conclusión, cada oración es una premisa y el remate es la misma conclusión inicial, pero con otras palabras:

«El Universo no es tan viejo. Si fuera infinitamente viejo, no quedaría hidrógeno. El hidrógeno se convierte irreversible y constantemente en helio en todo el Universo. Actualmente, el Universo está compuesto casi por completo por hidrógeno. Luego, el Universo es relativamente joven» (Silogismos, Porrúa 1997).

El lector del sector Público podría suponer que el modelo expuesto sólo sería aplicable a textos alejados de su ámbito. Falso, sí es factible. He sido por varios años servidor público también (de los ámbitos federal y estatal). En ellos apliqué este modelo, por analogía, en oficios y memorandos. Aunque, en la mayoría de los casos, la oración de remate no era incluida. Las más de las veces los textos tienen un giro más informativo, por ello no se hace necesario usar un remate. Decía el naturalista conde de Buffon: «El texto, además de nutrir al lector, debe deleitarlo».

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