Noticias del español

| Álex Grijelmo (El País.com, España)

Chascarrillos gramaticales

La lengua se aleja a veces de la vida, y eso facilita muchas paradojas.

La vida y la gramática se parecen pero no son lo mismo. Por ejemplo, una cebra mantiene su género femenino aunque se trate de un macho. Lo mismo sucede con una ballena, una ardilla o una jirafa. En cambio, el topo puede ser una hembra, igual que un moscón o un ratón.

Las palabras terminadas en o tienden a ser masculinas; y las que acaban en a, femeninas; pero existen transgenéricos: «la mano», «el día», «el mapa», «la radio», «el programa», «el pediatra», «el guardia», «el atleta», «la contralto», «la soprano»… Y los sexos biológicos son dos; pero los géneros, tres (masculino, femenino y neutro).

Si decimos «los jueces», que es masculino, eso abarca a los jueces y a las jueces. Si decimos «la judicatura”, que es femenino, también. «La persona» representa en femenino a mujeres y hombres, mientras que «el ser humano» lo hace en masculino, con el mismo resultado.

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