Noticias del español

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| Antonio Baquero
Diario Córdoba (Andalucia, España)
Lunes, 17 de abril del 2006

CASTELLANO CON PASIÓN

La emisión de telenovelas latinoamericanas sin doblar hace que muchas rumanas hablen español. El 85 % de los alumnos del Instituto Cervantes son mujeres.


En Rumanía, el castellano es una lengua que se aprende con el corazón. Y no sólo porque los habitantes de este país latino en medio de un océano de pueblos eslavos sientan un especial cariño por el resto de lenguas románicas. Sino, sobre todo, porque desde hace una década, el éxito de las telenovelas suramericanas, que se emiten siempre subtituladas al rumano y sin doblar, ha habituado a muchas rumanas a la lengua de Cervantes.

El resultado es que, en Rumanía, rara es hoy la joven que no es capaz de expresarse en castellano, de construir frases intuitivamente y de hacerse entender uniendo palabras que ha oído una y otra vez en boca de las estrellas del culebrón. Y todo eso, sin haber asistido nunca a una sola clase.

«No, yo nunca estudié español pero aquí con las telenovelas, todas las rumanas hablamos un poquito esta lengua», comenta la dependienta de una tienda en Bucarest después de responder a un cliente barcelonés en su lengua. Escenas como ésas puede vivirlas un español una y otra vez en Bucarest. La explicación es siempre la misma: los culebrones.

Léxico romántico

«Quiero estudiar español, aunque con lo que aprendí de las telenovelas soy capaz de decir algunas cosas», explica una joven periodista, especialmente ducha en todo el léxico romántico y que, para probar su conocimiento, se pone a recitar toda una serie de expresiones apasionadas típicas de esos seriales. «Arañas mi corazón», clama, melodramática, antes de partirse de la risa.

Con buen acento, una estudiante recita los nombres de las novelas que más furor han causado en el país: «Rubí, Betty la fea y El cuerpo del deseo». Además, recuerda que www.acasa.ro, uno de los portales de internet más visitados del país, incluye un listado de telenovelas.

«Aquí te habla español la tendera o la mujer de la limpieza», dice una administrativa del centro Cervantes de Bucarest. Uno de los profesores reconocen que, cuando empiezan a estudiar castellano, las rumanas «son falsas» principiantes. «Cuando llegan, aunque nunca hayan estudiado, ya tienen una base de castellano», explica este profesor.

Un par de minutos en su clase basta para comprobarlo. En el curso de principiantes del Cervantes de Bucarest llevan sólo cinco sesiones. No obstante, la mayoría de las chicas que asisten ya es capaz de mantener una conversación en español.

A su favor también juega el hecho de que el rumano, una lengua derivada del latín, mantiene bastantes similitudes con el castellano y muchas palabras tienen la misma raíz. «Son lenguas muy cercanas», dice Julia, una estudiante.

Otro de los maestros del centro resalta que, aparte de los culebrones, «la música latina hace furor entre los jóvenes, que se saben de memoria muchas canciones de cantantes como Shakira». En una salida nocturna por las discotecas de Bucarest, se puede bailar música española no tan internacional como Ska-P y su Legalización.

Aunque reconoce el papel que ahora cumplen los culebrones, el director del Cervantes, Joaquín Garrigós, destaca la buena salud de la que el castellano ha gozado siempre en Rumanía. «El de Bucarest es, por número de alumnos matriculados, el Cervantes más importante del este de Europa».

En lo que va de curso ya se han alcanzado los 1.600 alumnos y se espera que la cifra final de este año supere los 2.000. Esa elevada inscripción es muy significativa en un país en que, con un sueldo medio que oscila entre los 150 y los 200 euros, pagar la matrícula del Cervantes supone un serio esfuerzo económico. También hay otro dato: el 85 % de los alumnos matriculados son mujeres. ¿Será por los culebrones?

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