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Javier Vela

lavozdigital.es, (Cádiz, España)

Viernes, 4 de marzo del 2011

CARNAVAL DE CARNAVALES


El origen de la palabra 'carnaval' ha resultado históricamente difuso. Existen dos teorías al respecto: una lleva la impronta religiosa, mientras que la otra es de naturaleza pagana. Según la primera de ellas, aceptada convencionalmente por la Real Academia Española, el término derivaría del italiano 'carnevale', deformación fonética del antiguo 'carnelevare', estando éste compuesto por las palabras 'carne', carne, y 'levare', quitar o suprimir.


 Apoyándose todavía en el criterio cuando menos dudoso y desactualizado de Sebastián de Covarrubias, clérigo y lexicógrafo del siglo XVI, esta teoría sostiene que el término 'carnaval' haría así referencia a los tres días previos al comienzo de la Cuaresma (o, para entendernos, desde el domingo de coros al Miércoles de Ceniza), judeocristianamente caracterizada como un periodo de penitencia y recogimiento en el que estaba tradicionalmente prohibido comer carne: una suerte de ramadán a la europea.
 
Una traducción alternativa, algo más libertina, interpreta la expresión 'carne vale' como un 'adiós al propio cuerpo', animándonos a que, mediante la simulación y el travestismo, dejemos aparcado de paso nuestro carácter para sumergirnos de manera más libre y despreocupada en la naturaleza festiva de tal evento. Pero la explicación más plausible o de mayor verosimilitud filológica radicaría, desde mi punto de vista, en la segunda de dichas teorías, de índole no religiosa, que defiende el origen del término 'carnaval' como derivación del latino 'carrus navalis' (carro naval o con forma de barco).
 
La explicación es sencilla. Cada 5 de marzo, los romanos de la época imperial, herederos de la tradición griega y, por extensión, egipcia, procesionaban sobre un barco con ruedas mientras que, ataviados con disfraces para ocultar su origen o condición social, danzaban y cantaban en honor al dios Baco, a la par que comían y bebían. En las pinturas decorativas romanas aparece con frecuencia el rótulo 'carrus navalis' sobre las representaciones de este tipo de barcos o carrozas, indisputablemente emparentadas a la 'embarcación en forma de artesa' o cajón rectangular que, según la propia definición de la RAE, 'se usa en los puertos y arsenales', y que hoy conocemos popularmente como batea.
 
Así, el Carnaval con mayúsculas, nuestra fiesta local por antonomasia, tan traída y llevada a conveniencia, no habría surgido entonces como una emanación permisiva de la Iglesia cristiana, amparada en el pecado y la culpa, sino como una réplica pagana asociada a la transgresión y el exceso en la que el individuo, por unos pocos días, puede sentirse humanamente libre. Que ustedes -llueva o truene- la disfruten.

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