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| Nuevo Diario de Santiago del Estero(Argentina)
Miércoles, 7 de Marzo del 2007

CANEDO LANZA ENSAYO SOBRE EL HABLA SUDAMERICANA

Letras y voces criollas en el Siglo XIX


Un trabajo que le llevó al autor años de investigación, cuyo objetivo fundamental reside en el afianzamiento de una identidad lingüística. Por ello, su tarea está basada en la observación de la cultura de masas y en el habla natural de Sudamérica. Uno de los pilares en la historia de la humanidad, sino el más importante, está en las relaciones de la palabra con el pensamiento. De ahí que este ensayo es de crítica con vistas a señalar coincidencias y descoincidencias entre la lengua castellana de España y la de Hispanoamérica, aunque por norma ha de hallarse un criterio para cada caso.


La lengua es primera manifestación de la actitud humana, fundamento de todas las demás diligencias intelectuales, y medio por donde conocerse el origen de las naciones. En ese sentido, se pretende subrayar aquí la virginidad de la lengua criolla en una contextura histórica, y, al mismo tiempo, qué le ha acontecido y cuáles las circunstancias propias, además de conceptos, datos y testimonios con tendencia a echar luz sobre las lenguas escrita y oral.

En lo individual y social la lengua criolla será explicada con atención en la fonética de las palabras, y por método se atribuirá el substrato a herencia castellana, pero también a otras voces de naturaleza histórica, cultural y estilística americanas; cuales, por otra parte, han sido incluidas, desde l870, en el Diccionario de la Lengua de la Real Academia de España. (l) La lengua criolla es de tradición jurídica y espiritual del castellano de los españoles, aunque con mudanzas a fin de que en ella los parlantes hispanoamericanos representasen sus ánimos seculares y temporales, por tanto, sin motivo alguno para desautorizar su valor filológico y lingüístico. Como cualquier otra es de nutrida combinación de voces propias con extrañas, y de múltiple extensión posible en lo etimológico y lexicográfico; contra la voluntad de académicos españoles en que esa «bárbara» mezcla tan exagerada como ridícula.

Antecedentes bastante similares a los del castellano en la baja Edad Media, y hasta muy avanzada la Moderna, cuando prosistas y poetas españoles cruzaban sus pareceres en incorporarle voces latinas, góticas, árabes y, sin la menor sombra de dudas, gallegas, catalanas y vascuences. A fin de desvirtuar la supuesta incompatibilidad de la lengua de parlantes hispanoamericanos con el castellano (argumento de fea artimaña y torpeza de Leopoldo Alas «Clarín», Ramón de Campoamor, Américo Castro, Ramón Menéndez Pidal, Miguel de Unamuno y Juan Valera, por sólo citarse algunos) habrá de adentrarse en las obras del Siglo XIX de los rioplatenses Juan María Gutiérrez con la teoría del idioma español privilegiado bajo el dialecto criollo, Juan B. Alberdi afirmando la identidad del decir y de la escritura en el Nuevo Mundo, Domingo F. Sarmiento, en Santiago de Chile primero y en Madrid después, con valiosas exposiciones ante sus adversarios académicos, Ricardo Rojas con sus referencias a las costumbres lingüísticas del ámbito pampeano, además de Leopoldo Lugones, Ricardo Güiraldes y Joaquín V. González con diferentes puntos de vista sobre la escritura y la voz hispanoamericanas.

Lo mismo, Andrés Bello, Rubén Darío, José Martí y Pedro Henríquez Ureña con las inmensas posibilidades de progreso del dialecto criollo ante el castellano «congelado» por la Academia de Letras de España, y José Vasconcelos hablando de la «teoría criollista» como exclusiva e ilimitada en giros y formas prosódicas. En esa cadena de citas también el chileno José V. Lastarría con tendencias deliberadas a valorizar la escritura hispanoamericana sin ojerizas a los «castellanismos»; y, en contrario, los madrileños Ramón del Valle Inclán, Silva Uzcategui y Julio Cejador y Frauca, partidarios, unos con más intensidad que otros, a no escribirse ni hablarse en América una lengua «genuinamente antiespañola», incompleta y vulgar.

De resultas, se irá en este ensayo tras la confirmación en que la lengua criolla, cambiante como el uso normal de todo idioma, es de ropaje castellano, grave, decoroso y elegante como de mérito por haber contribuido a la independencia política de las naciones hispanoamericanas. (l) Estudios sobre el dialecto hispanoamericano podrán ser leídos en El castellano como complemento dialectal y sus dialectos internos de Víctor García, y Lengua de Roberto F. Wagner. Y en cuanto a las voces criollas en diccionarios. Consúltese los boletines de la «Academia de Letras» de España de las primeras décadas del siglo XX.

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