Noticias del español

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| Efraín Osorio
La Patria, Colombia
Martes, 30 de junio del 2009

CALL CENTER, CABILDERO, QUIMÉRICO, LEGITIMAR

El castellano tiene muchas expresiones que reemplazan ese anglicismo inútil y perjudicial, por ejemplo: 'Central de llamadas, central de telecomunicaciones'; 'centro de llamadas, centro de comunicaciones'; 'estación de telecomunicaciones', etc.


A los caldenses, en general; y a los manizaleños, en particular, se les perfila el carriel en el cuadril derecho, como decía don Rafael Arango Villegas. Y todos comen arepa al desayuno; almuerzan con sancocho de espinazo, con bandeja paisa o fríjoles con garra; rezan, quizás, el rosario por la tarde. Y hablan castellano. Pero —cambio de pronombre— nos estamos dejando 'taquiar' de términos extranjeros, del inglés especialmente, sin que nadie se mosquee. ¡Como si el castellano no tuviese la palabra correspondiente!

Últimamente, están en boga los mal llamados «call center» (ni siquiera le ponen la 'ese' del plural a la palabreja). LA PATRIA tituló el editorial de su edición del 22 de junio de esta manera: «Llega otro call center». En el texto respectivo se lee: «…la capital caldense dio otro paso en la consolidación de los llamados call center…». Y la compañía que viene a instalar los últimos —dizque Emergia Customer Care (¿qué significa esto?)— es de España, la tierra de El Caballero de la Triste Figura. ¡Habrase visto! El castellano tiene muchas expresiones que reemplazan ese anglicismo inútil y perjudicial, por ejemplo: 'Central de llamadas, central de telecomunicaciones, central de comunicaciones'; 'centro de llamadas, centro de comunicaciones'; 'estación de telecomunicaciones', etc. De esta manera, más acorde con eso que llaman 'identidad', entenderemos la nota, el aviso o el anuncio todos aquellos que no sabemos decir 'yeah'! Y el mismo día, en el mismo diario, el señor Bernardo Mejía P., porque al que no quiere caldo se le dan dos tazas, tituló su columna así: «Los lobbistas». ¡Qué palabra más fea, señor! Saquemos del diccionario el vocablo 'cabildero' y echémoslo a rodar.

No puedo quedarme callado, señor. En el apéndice de la columna del 20 de junio, Alejandro Samper Arango escribe: «En la última edición de la revista Semana (…) publicaron un artículo sobre (…) Juan Manuel Santos y (…) Luis Alfonso Hoyos, titulado Par ases. Creo que hubo un error de digitación pues el título debió ser Par 'asses'» (LA PATRIA). En inglés, el sustantivo ass (asses, plural) tiene dos significados: el primero, 'burro, asno'; el segundo… no lo menciono aquí para no emporcar el espacio. Cuando con ellos se califica a una persona, se la insulta con saña, sin atenuantes ni excusas. Es una pena que el señor Samper Arango opaque su talento con la grosería. No obstante, todos sabemos que desde el siglo XV, una hora más una hora menos, se dice que «lo que la naturaleza no da, no lo presta la universidad». «Salamanca», dice el conocido proverbio.

Uno de los poemas que el doctor Óscar Tulio Lizcano compuso durante su muy injusto e ignominioso cautiverio reza: «El río tutelar (…) con su monótono y quimero sonido…». (LA PATRIA, VI-19-09). 'Quimera', en su acepción legendaria, era un animal fabuloso, que vomitaba ráfagas flamígeras; lo representaban con cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón; y fue muerto por Belerofonte, mitológico personaje griego, el primero que le puso bridas a un caballo, tal vez Pegaso. Dicen. De aquí, su segunda acepción: «Aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero no siéndolo» (El Diccionario). Su adjetivo es 'quimérico' (fabuloso, fingido, irreal), no 'quimero'. Además, el inconfundible y bucólico sonido de los ríos es tan real como la voz humana y el gorjeo de las aves. Pero, ¡bueno!, sabemos que los poetas tienen sus licencias…

El sesquipedalismo, del adjetivo latino 'sesquipedalis-e' ('sesquipedal' = de pie y medio), consiste en el alargamiento innecesario y errado de ciertas palabras, verbigracia, 'legitimizar'. Así redactó el autor de la sección Revista, de LA PATRIA: «…para que se vea legitimizada la gestión de los concejales» (III-20-09). «… para que se vea 'legitimada'la…», porque el verbo es 'legitimar' (raíz, legitim-; terminación de la primera conjugación, -ar, no '-izar'), que significa «Garantizar la autenticidad de un documento o una firma con una diligencia que se escribe en el documento o bajo la firma. *Legalizar. 2 Convertir en legítimo algo que no lo era, mediante las formalidades requeridas» (M. Moliner). En este grupo entran también los verbos 'recepcionar' ('recibir, recoger, tomar, aparar'), de los comentaristas deportivos; y 'dimensionar' ('medir, sopesar, ponderar, calibrar'), de algunos profesores y ejecutivos. Y son éstas las corruptelas que se expanden con facilidad.

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