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| Jesús de las Heras Muela, director de Ecclesia
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Jueves, 28 de junio del 2007

BREVE HISTORIA DE LOS ORÍGENES DEL CÓNCLAVE

El término «cónclave» alude a la clausura estricta de los electores papales


El primer cónclave de la historia tiene lugar en Perugia en 1216

El más célebre cónclave fue el de Viterbo, de 1268 a 1271

Las recientes disposiciones del papa Benedicto XVI acerca de la exigencia de todos los casos de los dos tercios de los votos para que la elección pontificia sea válida, reactualiza la historia de las elecciones papales y la figura del «cónclave».

Definición de cónclave

El vocablo «cónclave» es una palabra de origen latino admitida en el uso de la lengua española y definida por la Real Academia Española de la lengua (RAE) como 'junta de cardenales de la Iglesia católica reunida para elegir al Papa'.

La segunda acepción de «cónclave», cuyo significado etimológico reza 'lo que se cierra con llave', define a esta palabra como 'el lugar donde se reúnen los cardenales para elegir Papa'.

En el primer milenio

La elección del Obispo de Roma —y, por ende, Pastor supremo de la Iglesia universal— experimentó durante el primer milenio del cristianismo algunas oscilaciones. Entre los siglos I y IV, tiempo de implantación primera, de catacumbas y de persecuciones, el clero y el pueblo cristiano de Roma elegían a quien había de ser su Pastor. Era generalmente un diácono, que debía ser ordenado obispo.

El clero y el pueblo romano continuaron como electores de su obispo en los siglos IV al VIII, si bien una vez que el Imperio Romano y Bizantino profesó la fe cristiana esta elección debía ser ratificada por el emperador, que otorgaba su confirmación a través del exarca de Rávena. La capital del Imperio se desplazó a partir del siglo IV de Roma a Constantinopla.

Papa Nicolás II, año 1059

Tras ensayarse distintas fórmulas mixtas en los siglos IX y X, siglos oscuros y de hierro, en al año 1059, el Papa Nicolás II, uno de los llamados papas reformadores de Lorena —en alusión a la región franco-alemana del mismo nombre, de donde procedían—, emanó un decreto sobre la elección papal, resevándola en exclusiva para los cardenales obispos, que no necesariamente habían de ser romanos, y requiriéndose todavía el asentimiento del clero y del pueblo.

En 1130 comenzó a aplicarse de manera definitiva esta normativa, que, en 1179, incluyó, mediante decretal del Papa Alejando III, la necesidad de que el candidato elegido obtuviera los dos tercios de los votos para que la elección fuese válida.

Clausura para acelerar y proteger la elección

Con todo, no será hasta el siglo XIII cuando nazcan como tales los cónclaves. Fueron el pueblo y el clero quienes «forzaron» las cosas a fin de que los cardenales eligiesen con celeridad y con consenso al nuevo Papa. Y será en 1216 cuando cierren bajo llave a los electores del Romano Pontífice…

Sucedió en Perugia, en el corazón de Italia, en la capital de la Umbria. Honorio III era elegido papa el 24 de agosto de 1216. Era el primer papa elegido en «cónclave», sentido estricto. En 1241, el clero y el pueblo romano, encabezados por Matteo Rosco Orsini, entienden, de nuevo, que era necesario cerrar a los cardenales y acelerar la elección papal. Y durante dos meses así estuvieron los cardenales, encerrados en las ruinas carcelarias de Septizonio. De este modo, se buscaba además liberar a la elección pontificia de las ambiciones de Federico II de Suabia. Fueron los dos primeros cónclaves de la historia de la Iglesia.

En éste segundo cónclave, el de 1241, se buscaba la elección del sucesor de Gregorio XI. El antiguo cardenal Hugolino, el gran protector de San Francisco de Asís, había sido elegido Papa el 21 de marzo de 1227. Durante catorce años rigió la Iglesia con el nombre de Gregorio IX. Sería el creador de la Inquisición Medieval. Fallecido el 22 de agosto de 1241, los cardenales tardaron dos meses en elegir sucesor, por lo que la figura del «cónclave» entró en funcionamiento. Dio resultado el 28 de octubre de 1241. Eso sí, el papa Hugolino tenía un primer sucesor bien efímero, Celestino IV, que tan sólo sobrevivió a su elección papal trece días…

El Cónclave de Viterbo

Pero el cónclave en sentido etimológico y estricto por excelencia, el que ha pasado a la historia, es el de Viterbo, hermosa y destacada ciudad del Alto Lazio, distante de Roma a un centenar de kilómetros, en la ruta cultural y turística de los Etruscos. Y la historia de este cónclave por excelencia podría escribirse así:

  • Érase que se era el año de gracia de 1268. El día 29 de noviembre de aquel año había fallecido el papa Clemente IV, de origen francés y en la cátedra de San Pedro desde el 22 de febrero de 1265. Los cardenales se dirigieron a la citada localidad de Viterbo para elegir su sucesor. Presiones políticas externas, discusiones bizantinas —en el sentido figurado de esta frase— y las ambiciones de la aristocracia romana y de sus candidatos empezaban a demorar casi sin fin la elección papal. Transcurren los meses y se cumple el primer año de sede vacante y de votaciones sin fin. El señor de Viterbo, Alberto de Montebono, hace cerrar herméticamente el palacio papal con los cardenales dentro y utiliza una abertura del tejado para arrojar a los cardenales comida y bebida, bien racionada y forzar así la elección, que no llegará a pesar de ello hasta el 1 de noviembre de 1271, casi tres años desde que muriera el papa…
  • Los cardenales habían encontrado, por fin, el consenso en la persona del obispo de Piacenza, Tebaldo Visconti. Será Gregorio X, quien, entre las primeras medidas de su ministerio petrino que tan sólo duró cinco meses, promulga la constitución Ubi periculum, que regula de modo canónico la clausura de los cardenales para la elección pontificia y consagra definitivamente la figura del cónclave, que, en muchos de sus aspectos y disposiciones, se mantiene hasta nuestros días.

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