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| Caius Apicius

¿’BLOGS’? NO, GRACIAS

Hay temas en los que todo el mundo se considera experto; acá en España se dice que todo el mundo sabe más de fútbol que el seleccionador nacional, entiende más de política que el presidente del Gobierno, sea éste quien fuere, y, desde luego, sabe muchísimo más de gastronomía que cualquier crítico.


Bueno. La política es algo que nos rodea, el fútbol es la pasión nacional y la gente, afortunadamente, come dos, tres o más veces al día. Es de suponer que cuando uno hace una cosa varias veces al día, todos los días de su vida, acaba entendiendo de esa cosa. Pues… va a ser que no tiene por qué ser así, visto lo visto en esa plaga moderna que conocemos con el nombre de 'blogs'.

Hay, claro está, montones de 'blogs' dedicados a la gastronomía; apenas hay crítico gastronómico que se haya abstenido de crear el suyo propio… y les puedo asegurar que ahora son pocos los que no se arrepienten, pero ésa es otra historia. En esos 'blogs', el titular escribe periódicamente… y sus lectores lo hacen también, pero más bien de forma compulsiva.

Opinan. Me parece muy bien: todo el mundo tiene derecho a opinar. Lo que pasa es que hay que saber también opinar. 'Opinar' no es arremeter contra un restaurante, o un cocinero, porque a uno no le ha gustado lo que le han dado de comer o le ha parecido demasiado caro. Pocos 'blogueros' tienen el cuidado de escribir que algo no les ha gustado: escriben, directamente, que era una porquería. Y bien puede ser que no les haya gustado, porque hay que estar muy comido para entender ciertas cosas, pero no tiene por qué ser malo.

El 'bloguero' es el paradigma de la subjetividad. Como tiene foro, y es gratis, hala, ahí voy, a sacudirle a todos, porque yo sí que entiendo de esto. Hasta ahora, los lectores con algo que contar acudían a las 'cartas al director' de los diarios. Pero eran, en general, más prudentes. Parece que ver la opinión propia en letra impresa impone más que la pantalla.

Y, sobre todo, una cosa: los diarios suelen exigir a quienes escriben cartas para esa sección que se identifiquen, que den su nombre, sus apellidos y hasta el número de su tarjeta de identidad. En los 'blogs'… para qué les voy a decir lo que hay. Anónimos, y no precisamente venecianos. Nadie firma con su nombre, sino con un 'alias' que su dueño juzga gracioso o ingenioso y muchas veces es hasta obsceno.

Podrán decirme: «oiga, usted lleva años firmando con seudónimo». Sí. Pero es otra cosa. El uso de seudónimos en prensa es tan viejo como la propia prensa… y, al fin y al cabo, acabamos por conocernos todos, sabemos quiénes somos, se nos localiza sin la menor dificultad… No nos escondemos detrás de un mote para insultar a nadie.

Que es, qué le vamos a hacer, uno de los tonos más frecuentes en esos 'blogs'… que, además, suelen ser una colección de patadas al idioma. No me refiero a que la gente escriba sus mensajes en plan SMS, con kas y uves dobles; me refiero a atentados contra la ortografía, dinamita contra la sintaxis, exhibición de ignorancia ostentosa…

Decíamos arriba que quien hace una cosa tres veces al día todos los días acaba siendo experto en esa cosa. No. El español que usan la mayoría de los 'blogueros' demuestra que no por usar algo todos los días se domina necesariamente.

Hace tiempo que dejaron de interesarme los 'blogs'. Me encanta, naturalmente, leer cosas sobre gastronomía, pero escritas por quienes conocen y dominan el tema. Lo demás… me parece del mismo nivel que una discusión de fútbol en la barra de un bar. O no: peor. Porque lo del bar es, al fin y al cabo, una forma de compartir las opiniones. El 'bloguero' lo que trata de hacer es imponerlas. Y hay un matiz. En fin: internet puede usarse para cosas muy buenas… y utilizarse para cosas que, la verdad, de buenas tienen muy poquito. (Efe)

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