Noticias del español

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Juan Aguirre
diariovasco.com, España
Martes, 8 de septiembre del 2009

BARBARIDADES Y BARBARISMOS


Zulo, kale borroka, talde, herriko taberna... Pica, y de qué modo, que todos los préstamos léxicos del euskera al moderno periodismo español (en algún caso hasta con entrada en el diccionario de la RAE) provengan del lenguaje del búnker. Más que picar nos jode, y con todas las letras, pero no quería decirlo antes por si había niños.


Las interpretaciones que al respecto se hacen son, fundamentalmente, de dos clases. Unos dicen que con el uso reiterado de tales expresiones lo que se pretende «desde Madrid» es desacreditar al idioma como germanía de fanáticos. Opuesta es la percepción de quienes denuncian que les hacemos el caldo gordo a los violentos adoptando su jerga. Como quiera que sea, lo evidente es que hay una única y clara perdedora: la vieja lengua. Algo hay que decir en su descargo.

Antes que ahora al español le sucedió cosa parecida cuando acuñó términos relacionados con los enconos políticos del XIX que han quedado circulando por las lenguas del mundo: intransigente, guerrillero, camarilla o liberal. Hija de aquellas guerras civiles es también la palabra guiri como despectivo de 'forastero', que al parecer viene de cristino/guiristino, partidario de la reina Cristina, abreviado por los carlistas en guiri. De lo que se deduce que lo usual por aquí ha sido hacerse préstamos léxicos a bofetada limpia.

Pero desde la linguae vasconum se han dado otros trasvases más pacíficos, interesantes y hasta simpáticos. Empezando por izquierda, sustantivo y adjetivo menos ambiguo que siniestra, que hubiera sido propio del español en ausencia del ezker euskaldún. De esta tierra, que en tantas cosas es de órdago, salió el kalimotxo (y su variante el pitilingorri), brebaje que anima infinidad de aquelarres festivos. Si describimos a un tipo chaparro que va comiéndose un corrusco cuando se da de bruces contra una chabola hecha de pizarra, habremos empleado cinco palabras de posible raíz vasca. Seis si el menda encima es un sinsorgo; y siete en caso de que rectifiquemos señalando que más bien está como un cencerro.

En fin, hasta el insufrible papagayo futbolero tira de Axular, aunque él no lo sepa, cuando canta eso de «¡cucurrucucuuuu…!» (¿cree usted que en la BBC permitirían a un locutor en su sano juicio gritar «¡cockadoodledoo!»?).

Llegamos así a la conclusión de que zulo y los restantes palabros del sector zulú hay que admitirlos resignadamente como barbarismos de una época de barbaridades que un día —desearíamos que muy pronto— quedarán flotando en el habla como pecios de un oscuro pasado. Hasta puede que sirvan como reclamos comerciales: en Portugal conocí una taberna llamada 'Auto da Fe'. Donde, por cierto, servían unos deliciosos chicharritos fritos.

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