Noticias del español

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| Frank Gómez, ex diplomático de carrera en representación de Estados Unidos y ex ejecutivo de una empresa de las «Fortune 10». Preside la Comisión de Relaciones Públicas de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

AUN VOLAMOS DESNUDOS EN EL SALÓN DE LA MALA FAMA

Mucho hemos avanzado desde que Braniff Airlines aconsejaba a los viajeros con destino a la América Latina a disfrutar de los cómodos asientos de cuero y que «Viajaran desnudos». El anuncio era obviamente una mala traducción al español («Viaje en Cuero») del inglés («Fly in Leather»). Cuero sí puede referirse a la piel de animal, y también a una piel curtida, pero ni de lejos quiere decir "en cuero" o «en cueros», que significa 'desnudo' al decir «Viaje en cueros». ¡Ay, ayay!


Allá por los años ochenta, solía yo telefonear a una amiga que trabajaba en la firma Feishman-Hilliard para ofrecerle correcciones de los anuncios en español que allí preparaban. Y no cabe duda de que las agencias de anuncios y sus clientes empresariales han progresado mucho desde entonces.

No obstante, todavía vemos cosas raras. Una tienda de cafés Starbucks colocó una pizarra de anuncio en la puerta de entrada, que decía: «Exit» en inglés y «Éxito» en español. Alguien había traducido «exit» por «éxito» en vez de «salida», que es lo que quiere decir el inglés. Resultado: En vez de un gran éxito en la comunicación, esto dio lugar a un fracaso mayúsculo. Si el problema provino de la propia empresa o era de origen local, no lo sabemos.

Agresión contra el español

Otra agresión semejante fue la que se cometió en un anuncio impreso de la American Airlines en la revista Poder Enterprise, radicada en Miami. El inglés, al parecer, decía: «Don’t Call to Say Hello. Call to Tell Them You Are Going». Lo habían traducido así: «No llames a saludarlos. Llama a decirles que vas». Ese español adolecía de un error gramatical. Debiera haber dicho: «No llames para saludar. Llama para decirles que vas («para» quiere decir en este caso «a fin de», que denota el propósito de una acción, mientras que «a» significa aquí «hacia». El traductor tradujo literalmente «to» del inglés por «a».

Ahora bien, es posible incluso que el lector se haya dado cuenta del error —y que tal vez comprase el boleto. Pero, ¿qué otros errores comete esa agencia de anuncios, y cómo se les escapó esta atrocidad a los directivos de American Airlines?

Hace diez años, creé y enseñé un curso de traducción de anuncios comerciales en la Universidad de Nueva York. Por esas fechas escribí un artículo titulado: «No se trata de buena gramática, sino de buenas ventas». Sostenía la tesis de que en el ramo de publicidad todo era admisible, que se podían tergiversar las reglas cuando se trata de lograr el objetivo del mercadeo. Sigo pensando lo mismo. Pero el anuncio de American Airlines no representa ningún uso creativo de la lengua que atraiga la atención del público comprador. ¡Sigue siendo tan desacertado como cuando se hizo público!

Hispanohablantes frente a traductores

El caso de Starbucks no tiene excusa. Les habría ayudado consultar un diccionario. En cuanto a American Airways, es posible que la agencia de publicidad hubiera simplemente confiado la traducción a uno de sus empleados hispanohablantes. Y es ahí donde surge el problema. El hispanohablante, no importa lo bien preparado que esté en su lengua, no es ipso facto un buen traductor, y mucho menos un buen redactor de anuncios.

La traducción es un arte, una aptitud adquirida con tiempo y esfuerzo, con el estudio y la práctica y con un perfeccionamiento constante. El buen traductor no se fía de su instinto, sino que consulta diccionarios —muchos de estos— además de colegas y amigos, así como todos los recursos que pueda encontrar para lograr una traducción acertada. Y algunas traducciones son ya de por sí sumamente difíciles y problemáticas.

Por su imprudencia, Starbucks y American Airlines —y otros— se han ganado un lugar poco envidiable en el «Salón de la Vergüenza».

Alrededor de 35 millones de estadounidenses hablan el español, lo que viene a representar nuestro segundo idioma. Las realidades demográficas indican que su uso va a aumentar todavía más. Debemos interpretar este hecho cabalmente. Deberíamos sentirnos orgullosos de hablarlo correcta, creativa y humorísticamente —y encontrarlo en los buenos anuncios que publican muchas agencias. Merecen nuestro aplauso.

Y no es que nos falten recursos, queridos amigos. La Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) es uno de ellos. Sus miembros contestan las consultas que se les hacen sobre la lengua española. El uso apropiado del español es parte de su misión. Hace poco la ANLE editó un libro muy práctico, «Hablando bien se entiende la gente». Visite su cibersitio: www.anle.us.

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