Noticias del español

| Elena Álvarez Mellado (eldiario.es, España)

«Apología» y las malas compañías

Hay algunas palabras a las que parece que les guste ir de la mano: los fumadores parece que siempre sean empedernidos, que las discusiones resulten invariablemente acaloradas y que los marcos sean necesariamente incomparables.

Es lo que en lingüística se llaman colocaciones: combinaciones de palabras que tienden a aparecer juntas con una frecuencia superior a la esperable y que funcionan casi siempre de carrerilla.

(…)

Apología es hoy en día una palabra poco inocente. El uso más habitual que vemos actualmente de apología es para referirse a la defensa de actos o ideas como poco reprobables y que generan repulsa. Las colocaciones de apología son irremediablemente apología de la violencia, del terrorismo, de la violación, de la anorexia, de la homofobia.

Pero no siempre fue así. Mucho antes de que las apologías fueran de hechos delictivos, hubo apologías de otros muchos temas. Si nos damos un paseo por el banco de datos lingüísticos de la RAE podemos comprobar que históricamente se hacían apologías de cuestiones muy distintas a las que hoy estamos acostumbrados: encontramos ejemplos de uso entre el siglo XVII y mediados del XX de apologías del teatro, del cristianismo, de las obras de Dumas, de Cervantes, de la industria y hasta de Hegel.

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