Noticias del español

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| Javier Rodríguez Marcos
elpais.com.uy, Uruguay
Lunes, 10 de enero del 2011

AÑO NUEVO, IDIOMA NUEVO

Otras polémicas sugerencias de la RAE.


Usted elige: un friki con pirsin dentro de un yacusi escucha yas y bebe güisqui. O bien: Un freaky dentro de un jacuzzi escucha jazz y bebe whisky. La nueva Ortografía de la Real Academia Española ofrece la primera fórmula para adaptar a la escritura española toda una colección de términos de importación.

Pero la Academia Española es, como su nombre indica, Real. Es decir, reina pero no gobierna, propone pero no impone. El uso es el que libera a las palabras de la cursiva y las integra en el caudal léxico de una lengua sin pedirles el pasaporte.

¿Qué tienen en común palabras tan castizas como jamón, charlar, aceite, bloque o, sin ir más lejos, español? Que todas son de origen extranjero. De hecho, los primeros en usar la palabra español, tomada del provenzal, fueron los inmigrantes francos que vivían en Aragón y Castilla a finales del siglo XII. El término había nacido un siglo antes para designar a los hispano godos que habían cruzado los Pirineos buscando refugio tras la invasión árabe. Durante un tiempo llegó incluso a rivalizar con la forma españón, un gentilicio en la estela de bretón y gascón.

La base del español procede mayoritariamente del latín, introducido en la península Ibérica en el siglo III a.C., durante la romanización. Si a la aportación latina se le suman algunas palabras de origen prerromano y otras de origen germánico, ya tenemos el llamado léxico patrimonial, es decir, el que nació con la lengua. Mejor dicho, con el que la lengua nació.

Si a eso se le suma el léxico adquirido, fruto del aporte de otros idiomas, se completa la fotografía del vocabulario español.

El Diccionario de la RAE (DRAE) contiene 88.000 palabras. Según los filólogos, el léxico total de una lengua se calcula añadiendo un 30 % al recogido en los diccionarios. Con todo, el hecho de que una palabra salga del DRAE no supone su desaparición total. Así, el Diccionario Histórico, en proceso de elaboración, cuenta con unas 150.000 entradas.

Cada época tiene sus extranjerismos. El Renacimiento fue el tiempo de los italianismos, la Ilustración fue el de los galicismos y la actualidad es, sin duda, el de los anglicismos. Sus entradas en nuestro vocabulario no se llevaron a cabo sin traumas. Es ya un clásico de la tensión lingüística la crítica de escritores del siglo XVIII, como Iriarte y Cadalso, a la llegada desde Francia de vocablos como detalle, favorito, interesante o intriga.

Salvador Gutiérrez Ordóñez, ponente de la nueva Ortografía, elaborada por la asociación que reúne a la RAE y a las 22 academias de América y Filipinas, resume el camino que lleva a un extranjerismo de la calle al diccionario: «La norma es que si se puede adaptar sin modificación alguna se integre directamente si tiene uso. Si su incorporación necesita un cambio, lo habitual es que pase al diccionario cuando haya una adaptación o bien a la pronunciación o bien a la ortografía españolas». A la pronunciación se adaptó bafle. A la ortografía, béisbol.

Con todo, la palabra clave es uso, la prueba de fuego de cualquier término sea cual sea su origen. «La Academia tiene unas normas generales para el léxico», explica José Manuel Blecua, que el pasado 16 de diciembre relevó a Víctor García de la Concha en la dirección de la RAE. «Se examina una época —los 10 últimos años— con documentación tomada de varias fuentes y, de ser posible, de diferentes países de habla hispana. También se tiene en cuenta que se utilice en la lengua culta, que tenga presencia en la prensa… Es muy interesante la información que dan los suplementos dominicales de los periódicos. Reúnen la efervescencia de la lengua en toda su variación». A esto hay que sumar los movimientos de ida y vuelta de la propia RAE: «Se quitó la pe de psicología y luego nos dimos cuenta de que en la escritura la pe seguía vivísima», señala Blecua.

Todas las palabras tienen doble vida: una oral y otra escrita. Los extranjerismos, durante mucho más tiempo. «Ese es el problema de los préstamos en todas las lenguas; el problema de pirsin, por ejemplo», dice el director de la RAE. Dado que para la codificación interesa la vida escrita, las dudas están servidas. A veces por el lado de la escritura, a veces por el de la oralidad. En España se pronuncia fútbol y vídeo lo que en Latinoamérica es futbol y video.

Más que cualquier otro código, el pilar de la unidad de la lengua es la ortografía, que se sobrepone a la variedad léxica —pileta, piscina, alberca— y a fenómenos fonéticos como el seseo. En aras de esa unidad y consciente de que un sistema no puede mantenerse plagado de excepciones, la Academia propone siempre que se respeten las normas de adaptación de los extranjerismos aunque a veces se lleve al límite el principio básico de cualquier idioma: la comunicación. ¿Qué demonios es un disco de yas?

Normas que sorprenden

Desde el 1° de enero rigen nuevas sugerencias de la RAE. Las reglas —sorpresivas y polémicas— implican la suspensión de tildes, la castellanización de extranjerismos y nuevos nombres para viejas letras, entre otras cosas.

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