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| José de Mesa, ingeniero agrónomo y miembro del programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en Panamá
El Norte de Castilla (Valladolid, España)
Lunes, 7 de mayo del 2007

AMBIENTE Y LÉXICO

EXISTEN términos modernos que son utilizados de forma indistinta y por tanto, en ocasiones, indebida en textos y publicaciones en todo el mundo. Un ejemplo de ello serían los más que manoseados 'globalización' o 'mundialización'. Término el primero con gran carga ideológica y el segundo con una mayor carga geográfica. El término globalización es más reciente y surgido del ámbito anglosajón, mientras que la mundialización es más antigua y de origen más difuso, incluyendo varias corrientes, entre ellas está la latinoamericana.


Tengo como libro de cabecera, casualmente, un clásico de la historia reciente, de David McCullough, 'The Path Between the Seas: The Creation of the Panama Canal' (Un camino entre dos mares, la construcción del canal de Panamá). Resulta curioso contemplar, tras casi cien años del paso del primer barco por el Canal, lo que significó esta increíble obra civil. El encuentro entre dos mares, propiciaba el encuentro entre Asia y Europa y el encuentro entre el este y el oeste de América, el paso en el que América se encontraba a sí misma. Un hito con el que ya soñaba Felipe II y un hito que a finales del XIX quitaba el sueño a los imperios francés, americano y a la Gran Colombia. Pocos años antes se inauguraba el canal de Suez, y la sensación en el mundo, era de optimismo, de alegraría, se achicaban las fronteras, y se acercaban las poblaciones, aumentaba la velocidad de las transacciones económicas; en fin, una revolución, una 'mundialización', que revivimos ahora de manera casi calcada con el mundo de la informática y del Internet.

Otra discusión interesante resulta de entre los que promueven el término simple de 'ambiente' en sustitución del clásico 'medio ambiente'. De hecho son ya varios los ministerios o secretarías que en América Latina se denominan Ministerio del Ambiente. Y si quisiéramos profundizar ¿por qué Guatemala, por poner un ejemplo, tiene un Ministerio de Ambiente y Venezuela un Ministerio del Ambiente, añadiendo, casi clandestinamente una 'l' que pudiera cambiar su sentido?

Estoy días tras día recibiendo y produciendo información medioambiental y en los últimos años permanezco como espectador ante una curiosa batalla. Los términos 'sustentable' y 'sostenible', como compañeras necesarias del 'desarrollo', se pelean por ser ellas las que consigan ser su pareja definitiva.

Así que me tomo un descanso del medio ambiente y bucearé por los laberintos del lenguaje para, si me es posible, declarar un ganador y perdedor.

El término 'desarrollo sustentable' empezó a ser usado a partir de 1987, al publicarse el informe final de la Comisión Mundial del Medio Ambiente y el Desarrollo de la ONU. En esta reunión mundial quedó acuñada la siguiente definición de desarrollo sustentable: «El desarrollo que satisface las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades». Cabe mencionar aquí que, aunque he utilizado la palabra sustentable en la definición, las traducciones al español desde el inglés original 'sustainable' han alternando entre sustentable y sostenible, de forma bastante anárquica.

Según la RAE tenemos:

Sustentar: «Sostener algo para que no se caiga o se tuerza».

Sostener: «Sustentar, mantener firme algo».

A primera visita estas definiciones no nos dan una solución definitiva ya que las convierte en prácticamente sinónimos. Ambos adjetivos vienen del latín; uno de sustenere y el otro de sustentare. Al compartir prefijos (sus) y sufijos (ble) la clave podría estar en el elemento compositivo teni o tenta.

Hasta ahí lo que podemos sacar de la morfología o léxico puro, sin embargo desde el punto de vista conceptual, 'sostener' podría referirse más a lo puramente estructural, mientras que 'sustentar' se refiere a conceptos más etéreos o externos. Pongamos un ejemplo, que al final es lo que queda; para 'mantenerse' en pie, nos sostenemos gracias al sistema de pies y piernas, y nos sustenta la voluntad de mantenerse erguido, por lo que al final ambos conceptos podrían ser complementarios.

En fin, me resulta más atractivo el ambiente que el léxico, pero hay que admitir, que al menos en la tradición cristiana «primero fue el Verbo, luego la Palabra, y después todas las cosas de la naturaleza».

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