Noticias del español

| | | | | |

| Redacción
lagaceta.com.ar, Argentina
Domingo, 23 de mayo del 2010

ALUMNOS DE LETRAS DEFIENDEN LAS NUEVAS FORMAS DE COMUNICACIÓN

Según los estudiantes, el aspecto normativo de un idioma debe ser elástico y comprender la nueva valoración que adquiere la lengua


«Los mensajes de texto son formas de comunicación que se ajustan a necesidades de redactar rápidamente, mensajes cortos que satisfacen necesidades comunicativas de ese momento, lo cual potencia capacidades de sintetizar el contenido, produciendo mensajes lo más informativos posible en la menor extensión que se pueda redactar», especifica Pablo Daniel López Gómez, estudiante de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras.

López Gómez prefiere no hablar de una supuesta deformación del lenguaje. «Tenemos que aprender a no centrar el análisis sólo en los aspectos normativos de la lengua. Ya no son las reglas ortográficas y gramaticales lo que impera en este orden, sino una serie de códigos compartidos, formas nuevas, necesidades de brevedad y rapidez, que establecen reglas bastante diferentes. El aspecto normativo de un idioma es una convención social formulada por ciertos núcleos académicos. Debe ser elástico y atender el estado real del lenguaje, y comprender y analizar la nueva valoración que adquiere la lengua escrita», explica.

Más allá de la crítica, para los jóvenes estudiosos del idioma, también usuarios de las nuevas tecnologías de la comunicación, no se puede menospreciar ni desconocer estas nuevas maneras de leer y escribir.

María Laura Alegre, otra estudiante de la misma facultad, sostiene: «en la actualidad los conceptos de ’lenguaje degradado’ y ’pobreza lingüística’ son utilizados frecuentemente para referirse al lenguaje de los adolescentes del siglo XXI. Por ello es que el dedo acusador de la lingüística estructural y normativista los coloca en la posición de homicidas o kamikazes de la lengua, justificando que los adolescentes no escriben clara y correctamente, adulteran reglas de ortografía, alteran y distorsionan la palabra como elemento eminentemente lingüístico con herramientas audiovisuales». E inmediatamente añade: «este discurso, que muchos quieren vendernos como el puro e ideal, corresponde a lo que el lingüista Milroy denomina ’la tradición de la queja’, que no hace más que insultar y lamentarse frente a los cambios ineludibles de toda sociedad dinámica y en permanente desarrollo».

«En plenos festejos del Bicentenario de la independencia política de la corona española, hay una tradición cuyo patrón lingüístico y cultural continúa siendo el diccionario de la Real Academia Española, y a la que le conviene lógicamente atormentar a los adolescentes con que no saben nada, con que son unos ignorantes e incapaces de escribir, de hablar, protestar y opinar», remata.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: