Noticias del español

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| Javier García Antón
Diario del Alto Aragón (España)
Lunes, 9 de abril del 2007

ALMÓNDIGAS Y «FÚMBOL»

Mi amiga Myriam, con su perspicaz seguimiento de las modas culturales y sociales, me ha abierto los ojos y ha descubierto que el camino que seguía no era el bueno. Atónito le escuché decir que la Real Academia Española ha admitido el término «almóndiga» como sinónimo de «albóndiga». Esto es, ha dado carácter de ley idiomática a una manipulación por error del vocablo correcto. ¡Y yo corrigiendo a los niños cuando dicen 'canzoncillos'!. Acudo a rae.es y, por cierto, no aparece la 'evolución' popular de calzoncillos... Y no lo entiendo, como no comprendo por qué en nuestro magno diccionario hay estándares y no hay estand.


Pero, vista la democratización de la lengua sin siquiera tener que pasar un tiempo para que el habla configure un nuevo término, como era antiguamente y así lo aprendimos —¡ay, profes, qué 'putatation' nos hicisteis con tanta ortodoxia!—, estoy ya dispuesto a renunciar a toda crítica o sugerencia sobre el uso de la palabra en la jerga periodístico-deportiva. Me sonará a música celestial ese locutor que dice que el partido es «difícil y complicado», captaré la quintaesencia de la proyección del defensa al ataque, me encandilaré con la propuesta que realizará un centrocampista, renunciaré a toda filosofía que no sea la de once tíos en 'canzoncillos' -uy, perdón, con 'l'- y hasta veré, sin alucinación alguna, el palo corto. Puesto a ser receptivo en este progreso lingüístico, patrocinaré la incorporación al oficial volumen de las contribuciones de Cruyff y Villar: el fúmbol o el fúrgol como otras fórmulas de llamar al fútbol, que, por cierto, en otra habilidad, también se puede escribir ahora sin tilde, esto es, futbol.

Incluso me comprometo a no discutir una regla que una compañera me pretendía imponer como dogma de fe: si hay más páginas en internet con una morfología incorrecta que con la correcta, cambiaré inmediatamente mi opinión y me lanzaré con entusiasmo al abismo del error, reconvertido en elato acierto infalible.

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