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| Efraín Osorio
La Patria, Colombia
Miércoles, 10 de diciembre del 2008

ALLANAR, TEMA, AMANTE DE

Aunque los sinónimos del manoseado vocablo tema son muchos (idea, asunto, motivo, argumento, trama, fondo, contenido, temática, cuestión, materia), es tan desaforado su empleo que esta lista podría crecer de manera ilimitada.


Cuando leí este antetítulo, «Hallanamientos en Manizales», consideré caritativamente que no se trataba de un error de ortografía propiamente dicho sino que el muy conocido «diablillo», para hacerle una trastada al redactor, había pegado el complemento directo a su verbo, y que lo correcto sería: «Hallan amientos en Manizales». Lo que no me pareció extraño, puesto que un amiento —voz castiza— es 'la correa con que se aseguraba la celada y que se ataba por debajo de la barba', o 'la correa con que se ataba el zapato' (El Diccionario), adminículo que aún —creo yo— puede «hallarse» en Manizales.

Pero leyendo el texto, cuyo titular rezaba «Capturan a cinco personas» (LA PATRIA, Sucesos, XI-29-08), concluí que sí se trataba de un error de ortografía el macho, porque no sólo no había tales amientos sino porque en él tropecé con otros dos *hallanamientos (tal cual), y porque el periodista, según el contexto, se refería a un allanamiento, que, en los hechos descritos, quiere decir el 'registro de un domicilio con mandamiento judicial'.

Y luego, leyendo más en la misma sección, a la izquierda, encontré la causa de ese error, que no era otra que la sencilla transposición de una «hache», realizada también por el malintencionado «diablillo», quien, en lugar de ponérsela al verbo halagar, se la chantó a allanamiento (¡tres veces!), así: «A través de una carta en la que alagan al ciudadano por su hoja de vida…» («Empresa estafa con opción de trabajo»). En el mismo periódico, la señora Gloria Patricia Ángel Gaviria, en «Línea Directa» (XII-4-08), se queja de esos errores y de otras diabluras, como el robo de algunas tildes, que el citado «diablillo» le hizo al desventurado periodista. ¡De malas, muy de malas!

La doctora Edith Angélica Bustos Crèmieux, profesora de la Universidad de Manizales e incansable defensora en su medio de nuestro hermoso y riquísimo lenguaje, me envió las siguientes «margaritas», propiedad de la doctora María del Pilar Vélez, de la Gobernación de Caldas, y expuestas en entrevista que concedió a RCN el 26 del mes pasado: «A los comités de emergencia los ‘afecta’ el tema (1) de las inundaciones; en el tema (2) de La Dorada se está haciendo un censo ‘por parte’ de la alcaldía; se está buscando el tema (3) de la rehabilitación de las familias ‘afectadas’; el comité local ya está actuando en el tema (4) de La Dorada». En las otras radiodifusoras y canales de televisión, añade, se oyen también locuciones semejantes, que expresan —agrego yo— de manera escandalosa y alarmante la pobreza de vocabulario de quienes se comunican de algún modo con el público: el tema (5) de las pirámides, el tema (6) de los damnificados, etc. Sería interminable continuar», concluye.

Aunque los sinónimos del manoseado vocablo tema son muchos (idea, asunto, motivo, argumento, trama, fondo, contenido, temática, cuestión, materia), es tan desaforado su empleo que esta lista podría crecer de manera ilimitada. Por ejemplo, el primer tema de la señora María del Pilar puede significar, ‘fenómeno, acontecimiento o desastre’ de las inundaciones; el segundo, ‘el municipio, población o ciudad’ de La Dorada; el tercero, ‘la manera, modo o forma’ como se pueden rehabilitar los perjudicados de La Dorada; el cuarto, ‘la situación, coyuntura, trance’ de La Dorada; el quinto, ‘estafa, timo, robo, engañifa, engaño, fraude’ de la pirámides; y el sexto, ‘problema, dilema, conflicto, complicación, inconveniente, adversidad, trastorno, apuro, contrariedad’ de los damnificados. ¡Todo un léxico! Y que no me vengan con la evasiva de que en una entrevista hay mucho de improvisación. ¡Pues claro! Pero aun para las entrevistas debe uno prepararse, porque ya se sabe sobre qué le preguntarán. ¿O no?

Titular de una de las secciones de Revista: «Para los amantes a los karts» (LA PATRIA, XII-3-08). La expresión amante a se escucha bien, tal vez, en las sementeras de cualquier finca de Caldas o en alguna novela costumbrista, en boca de uno de sus protagonistas, pero no en el periódico de Casa. Otro gallo madrugador le habría cantado al culpable si hubiese cambiado el término calificativo, por ejemplo: «para los aficionados a los karts».

Pero para esto, primero, hay que saber qué preposiciones piden los distintos complementos o, si se ignora, consultarlo; y, segundo, analizar. Mejor dicho, y «en román paladín, como suele el pueblo fablar a su vecino», poner mucho cuidado. Nota: El anglicismo kart no está asentado aún en el diccionario de la Academia de la Lengua, tampoco en su Panhispánico de dudas. Lo trae, sí, el de María Moliner, que lo define de esta guisa: Kart (ingl.; plural karts). m. Pequeño automóvil de una sola plaza, sin carrocería ni suspensión, que se usa en competiciones deportivas y como diversión. Parecido a los carritos de balineras, pero con motor. Digo yo.

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