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| Adriana Blanco
Expansión (España)
Viernes, 8 de junio del 2007

‘ADULESCENCIA’, DIVINO TESORO

Tienen familia, responsabilidades y facturas que pagar. Pero entre sus 'hobbies' se incluyen juguetes y actividades que serían más propias de sus hijos. Son los 'kidults' o 'adulescentes', una nueva generación que sí quiere crecer sin olvidar el niño que lleva dentro.


Adulescente: dícese de las personas que son medio adultos, medio adolescentes. Tienen una vida profesional completa, una familia, responsabilidades y en ningún caso se les podría achacar un complejo de Peter Pan. Pero no quieren envejecer y tampoco prescindir de la sana diversión que en su tiempo les reportaron sus ídolos juveniles o los juegos de la infancia. ¿El remedio para convertirse en el niño que sí quería crecer? Ser un kidult o un adulescente.

Cuando en el 2003 la consultora Nielsen Media Research desveló que había más adultos enganchados al canal de dibujos animados Cartoon Network que a la CNN, los cazadores de tendencias empezaron a frotarse las manos y en el mundo del márketing surgió el término kidult (una mezcla entre el kid –niño– anglosajón y el adult o adulto).

Desde ese momento, comenzaron a fabricarse una serie de productos transgeneracionales, no orientados a ningún tipo de edad, pero con una carga nostálgica importante. Incluso Cartoon Network creó una programación especial para adultos, y la Fox latinoamericana también se subió al carro con ¡No Molestar!, otro bloque de animación no recomendado a menores.

Los consumidores a los que se orientan estos productos son adultos de entre 18 y 49 años que no están dispuestos a abandonar sus hábitos adolescentes. Ellos forman el núcleo de un consumismo que rejuvenece cada año.

Los ejemplos de que éste es ya un fenómeno arraigado en nuestra sociedad son muchos. En el mundo de los videojuegos, el promedio de edad de los jugadores pasó de los 18 años en 1990, a los 29 años a día de hoy, un dato que podría significar que estos adultos no han dejado de jugar desde los años noventa. La marca de juguetes Lego también ha descubierto que actualmente tiene más clientes que son mayores de 18, y los ha bautizado como AFOL (Adult Fan Of Lego o Adulto Fan de Lego).

La saga de Harry Potter es otro de los claros indicios de lo que está ocurriendo, ya que pasó de ser un libro orientado únicamente a menores, con unas tapas de marcado carácter infantil, a convertirse en todo un best-seller. Ante los nuevos consumidores, Bloomsbury, el editor estadounidense del niño mago, decidió darle un tono más maduro a la cubierta de los libros y J.K. Rowling dio las gracias a sus fans adultos, «sin los cuales, las últimas entregas hubieran sido difíciles de aguantar» (por el volumen de páginas, no apto para criaturas). No sólo a éstos se reducen los ejemplos. Hay cientos y se ven cada día.

Desde Japón hasta Estados Unidos, miles de adultos decoran los ordenadores de sus trabajos con muñecos o figuras de plástico que rememoran la infancia; instalan en ellos videojuegos; pinchan las solapas de sus chaquetas con chapas y visten zapatillas deportivas más propias de los adolescentes.

Y por supuesto, cuando regresan a sus casas, un gran número de estos kidults llena su tiempo libre viendo películas de Pixar y Walt Disney, jugando con la consola o coleccionando objetos memorables de la primera trilogía de Star Wars. A pesar de todo, los expertos no atribuyen este comportamiento a una generalización masiva del complejo de Peter Pan. Sus orígenes y causas los encuentran en datos demográficos y socioeconómicos o en comportamientos que las nuevas generaciones arrastran hasta su edad adulta.

La Organización Mundial de la Salud retrasó hace poco el inicio de la adultez hasta los 25 años. La incertidumbre laboral y económica a la que se enfrentan los jóvenes actuales contribuyó a tomar esta decisión, pero también la edad media a la que abandonan su casa, que no ha dejado de crecer en todos los países, no sólo en España. En Estados Unidos, por ejemplo, el porcentaje de chicos de 26 años que todavía vive con sus padres se dobló, desde 1970, del 11 % al 20 %. Algunos expertos consideran que esta situación contribuye a dilatar los comportamientos infantiles que, posteriormente, se trasladan a otros estadios vitales.

La alta tasa de divorcios también influye en estos comportamientos más propios de otras edades. Y, por supuesto, una población cada vez mayor, dispuesta a reemplazar la ausencia de nacimientos con pseudo- jóvenes entraditos en años.

Y es que en este siglo XXI los cincuenta son todavía sinónimo de juventud y los noventa, mediana edad. Con una esperanza de vida tan dilatada como la actual, es normal que la adolescencia se extienda hasta donde no debería hacerlo.

A falta de jóvenes, los inventamos

Ya no somos jóvenes, y mucho menos en Europa, el continente más viejo del mundo. Pero hoy se habla de 'tercera juventud' o 'segunda transición', una etapa de madurez maquillada por técnicas de medicina antiedad. Según la Organización Mundial de la Salud, entre el 2000 y el 2050 se multiplicará por tres la población de más de 60 años, pasando de 600 millones a 2.000. Por eso es de esperar que cambie tanto el consumo de ocio como los modelos de belleza.

Ahora vemos a mujeres como Elizabeth Hurley o Jane Fonda convertidas en embajadoras de productos que reivindican una juventud eterna. Incluso el mítico chico Martini ha dejado de ser barbilampiño y en sus campañas publicitarias se ha hecho hueco un canoso George Clooney. A falta de jóvenes, habrá que inventarlos.

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