Noticias del español

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| Óscar Salas
www.canasanta.com, Canadá
Jueves, 9 de octubre del 2008

ACENTUACIÓN CASTELLANA

Racionalización del fenómeno acentual castellano


El trabajo tiende a «racionalizar» el estudio de la ortografía acentual, la que se aprecia muy domática, lo que obliga a los alumnos a aprenderse las reglas de memoria, sin llegar a la raíz del asunto de marras

El contenido que provoca más frustración en el profesor de castellano, creemos, lo constituye la ortografía, pues si bien son tratados todos los tópicos relativos al tema, los resultados no responden a las expectativas cifradas en dichos esfuerzos.

La mala ortografía es un mal generalizado en todos los niveles socioculturales de la nación, en consecuencia las conductas contenidas en los objetivos no se desarrollan en los estudiantes.

Creemos que entre los factores que dificultan el aprendizaje de la ortografía, está el hecho de que ésta es de origen etimológico y no fonético, de ahí que para lograr culminar exitosamente esta labor de enseñanza, sería necesario recurrir con más frecuencia al estudio de las raíces griegas y latinas, de tal forma que el uso de las letras «conflictivas» responda a un fenómeno comprensible y no a una decisión antojadiza, emanada de la Academia de la lengua.

Así, por ejemplo, la b de cabeza responde a la evolución que experimentó el fonema p que formaba la palabra latina capitis, lo cual impide escribir cabeza con v. Este error ortográfico es frecuente en español de Chile, debido a que no se discrimina entre los fonemas b y v.

La acentuación

El otro factor de mala ortografía que salta a la vista, es el relativo a la acentuación. Las causas, al igual que en la ortografía literal, son atribuibles a un enfoque dogmático de su estudio, y por ende carente de racionalidad.

Es dogmático e inexacto afirmar por ejemplo, que las palabras graves se tildan en la penúltima sílaba cuando terminan en cualquiera consonante, menos en s ni n. Qué sucede con las palabras graves tíos, cuándo o ríos que terminan en los fonemas que la norma más divulgada señala como «prohibidos». Estas situaciones provocan un alto grado de desconcierto entre los alumnos.

Ahora bien, el fenómeno acentual puede abordarse con absoluta racionalidad, como un sistema, cuyos elementos están lógicamente relacionados.

El castellano tiene ciertas características en la pronunciación de los vocablos que llamaremos tendencias prosódicas. Éstas se manifiestan por la mayor o menor intensidad de voz que se aplique a una u otra sílaba, de acuerdo a la letra terminal de la palabra. Dichas tendencias se manifestarán en la lengua escrita, por la ausencia de tilde o acento gráfico; en este contexto, sirve para marcar la alteración a las tendencias que postulamos. Reconocemos la importancia de la tilde en relación con la movilidad del acento en las palabras. Ej. remedio – remedió ; amara – amará, etc.

Un principio importante que debe tenerse en cuenta es que las palabras se dividen en tónicas y átonas; dentro de la primera categoría caben todas las polisilábicas, y en la segunda, las monosilábicas.

Se pueden observar las siguientes tendencias prosódicas del español:

Tendencia grave o paroxitónica

Toda vez que las palabras castellanas terminan en vocal, en n o en s, se tiende a cargar la voz en la penúltima sílaba. Ejemplo: romance, taza, provocan, casas, etc.

Tendencia aguda u oxitónica

En todas las palabras terminadas en consonante (menos n ni s) se carga la voz en la última sílaba. Ejemplo: pared, universal, etc.

Tendencia diptongal

Cada vez que confluyen dos vocales, una fuerte con una débil, los sonidos de ambos fonemas se fusionan, formándose un diptongo. Ejemplo: causa.

Estos fenómenos se manifiestan en la lengua oral, por la mayor intensidad de voz que se aplique a una de las sílabas, o bien por el predominio de un fonema vocálico sobre otro, esto último en el caso de la tendencia diptongal.

En el caso de la lengua escrita, se aprecia por la ausencia de la tilde o acento gráfico. De anterior debemos colegir, que la función de la tilde es la de marcar la alteración a las tendencias prosódicas del idioma. Así por ejemplo, si la palabra árbol no llevara tilde, se pronunciaría, de acuerdo a la tendencia prosódica aguda, pues termina en l (no es ni n ni s), por lo cual tiende a acentuarse en la última sílaba quedando ar-ból. De acuerdo a lo planteado más arriba, la tilde de la palabra en estudio, marca una alteración a la tendencia prosódica aguda u oxitónica.

Tomando otro ejemplo para graficar la función de la tilde o acento gráfico, analicemos la palabra café, si no llevara tilde, por su terminación tendería a acentuarse en la penúltima sílaba ya que termina en vocal pronunciándose cá-fe, respondiendo a la tendencia paroxitónica o grave; lo mismo ocurre con palabras como mu- si- ca pues termina en vocal, en consecuencia, tiende a acentuarse en la penúltima sílaba, lo que corresponde a la tendencia prosódica grave o paroxitónica.

Por último, palabras como río, si no llevara tilde, se pronunciaría en una emisión de voz: rio, de acuerdo a la tendencia prosódica diptongal, que como se afirmó anteriormente, consiste en la fusión de una vocal abierta con otra cerrada.

A fin de permitir una mayor comprensión del tema, nos permitiremos recordar los tipos de acentos que utiliza el idioma castellano:

Prosódico es aquél que se marca en la lengua oral mediante la mayor intensidad de voz en una de las sílabas de la palabra y que no tiene representación gráfica, ya que responde a la tendencia prosódica del idioma.

Ortográfico es el que denota una alteración a la tendencia prosódica, específicamente aguda y grave. Se representa con una rayita llamada tilde.

Dierético es el que manifiesta la alteración a la tendencia prosódica diptongal. Su representación gráfica es a través de la tilde.

Dierético cumple la función de la diéresis: pingüino y no pinguino. Suena la u, gracias a la diéresis que la separó de la g.

Diacrítico, este es un acento de índole gramatical y no fonético, cuyo objetivo estriba en diferenciar las funciones gramaticales de las palabras homófonas, tales como tu, señalando que el primero cumple la función de pronombre y el segundo, de adjetivo. Así, dé – de; sé- se; que – qué; cómo- como; cuándo- cuando; etc. Discrimina funciones de verbo, proposición; verbo, pronombre, morfemas de pasividad o indeterminación; adverbios, tanto interrogativos como relativos.

CLASIFICACIÓN DE LAS PALABRAS, SEGÚN SU ACENTO

Agudas, son todas las palabras que se acentúan en la última sílaba.

Graves, son todas las palabras que se acentúan en la penúltima sílaba

Esdrújulas son todas las palabreas que se acentúan en la antepenúltima sílaba.

Las palabras agudas y graves pueden o no llevar tilde; si lo llevan, estaremos frente a un acento ortográfico, dierético o diacrítico; si no está marcada la tilde, el acento es prosódico.

Las palabras esdrújulas siempre llevan tilde, la que puede ser ortográfica, la mayoría de las veces, o dierético, en casos como ha brí amos u otras palabras similares en que la tilde tiene como función evitar el diptongo que se formaría en la sílaba bria de la palabra analizada.

En lo que respecta a las palabras monosilábicas, reiteraremos que siempre son átonas, lo cual es muy lógico, pues, al estar estas palabras constituidas por una sola sílaba, no pueden contrastarse con otra desde el punto de vista fónico. No obstante lo anterior, algunos monosílabos llevan tilde por razones de discriminación funcional. Nos referimos a las palabras homófonas que cumplen gramaticalmente funciones de artículo o pronombre; adjetivo o pronombre; sustantivo pronombre, verbos o adverbios. etc.

Clasificación de palabras según su acento y el tipo de acento que éstas emplean.

Acento prosódico

Palabras agudas: Se acentúan en la última sílaba, cuando terminan en cualquier consonante (menos n ni s). Ej. tem blor, can tar, mo triz, mu jer.

Palabras graves: Se acentúan en la penúltima sílaba, cuando terminan en vocal, en n o en s. Ej. Me sa, ven ta na, re vis ta, aca de mia.

Acento ortográfico

Palabras agudas: Se acentúan en la última sílaba, cuando terminan en vocal, en n o en s, marcando la alteración a la tendencia prosódica grave o paroxitónica del idioma. Ej. Ca fé, se gún, ma ní, altera ción.

Palabras graves: se acentúan en la penúltima sílaba, cuando terminan en consonantes,(menos en n ni en s), marcando así la alteración a la tendencia aguda u oxitónica del idioma. Ej. Cés ped, már mol, ár bol, lá piz.

Palabras esdrújulas: se acentúan en la antepenúltima sílaba, marcando la alteración a la tendencia grave o paroxitónica del idioma. Ej. Diá logos, mú si ca, quí mi ca, fí si ca.

Acento dierético:

Palabras agudas: se acentúan en la última sílaba, tienen terminación libre, marca la alteración a la tendencia diptongal del idioma. Ej. ma íz, pa ís, ba úl, ra íz .

Palabras graves: se acentúan en la penúltima sílaba. Tienen terminación libre; marca la alteración a la tendencia diptongal del idioma. tí o, rí o, sa bí a, ac tú a, Val pa ra í so.

Palabras esdrújulas: se acentúan en la antepenúltima sílaba, esta tilde tiene como función marcar la alteración a la tendencia diptongal del idioma. Ej. sa bí a- mos, co me rí a mos.

Acento diacrítico: Discrimina las palabras homófonas (Igual sonido, pero de diferente significado y función gramatical.

Palabras agudas: se acentúan en la última sílaba, marcando la función gramatical que cumple la palabra en relación con su homófono. Aquél pronombre demostrativo; aquel adjetivo demostrativo.

Palabras graves: se acentúan en la penúltima sílaba, marcando la función gramatical que cumple la palabra en relación con su homófono. Ésta, pronombre demostrativo; esta, adjetivo demostrativo.

Palabras monosilábicas: llevan tilde para diferenciar la función de su homófono. Ej. , pronombre; tu, adjetivo.

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