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| Inés Izquierdo Miller
laprensa.com.ni
Martes, 5 de diciembre del 2006

ABOGADOS EN LA LUPA

Hace unos días en el Segundo Congreso Iberoamericano de Capacitación Judicial, en Mar del Plata, Argentina, hubo una propuesta extraordinaria de 500 funcionarios judiciales, los cuales solicitaron utilizar un lenguaje más claro en los fallos de los jueces.


La idea es acercar estos escritos a las personas y no convertirlos en un verdadero ajedrez lingüístico que sólo los peritos llegan a comprender.

Pese a la modernización de los sistemas judiciales, en medio de controles y datos electrónicos, páginas web y muchas tecnologías, aún las sentencias se escriben como hace muchos años.

En un proceso judicial generalmente se ven involucradas personas cuyo nivel académico es muy bajo y, frente a las galimatías que parecen jerigonzas, se les hace muy difícil saber de qué se está hablando.

Veamos algunos de esos términos que aparecen citados en el periódico La Nación, de Buenos Aires, donde aluden a cómo los jueces llaman a los expedientes, «autos»; a sus páginas, «fojas»; a las decisiones, «proveídos»; al caso que investigan, el «sub júdice»; a los abogados, «letrados», y al propio juez, el «a quo».

Continúa afirmando el texto que: «En virtud de lo expuesto, sólo puede colegirse, sin hesitación», así lo diría un magistrado, cuyo lenguaje es incomprensible para quien no sea un estudioso del latín o, al menos, un avezado conocedor de la «jerga tribunalicia».

Pienso que esta propuesta es valiosa, debemos ir pensando en escribir fallos más sencillos. Como se afirma en las conclusiones de este congreso donde se manifestó que «el lenguaje de la sentencia debe estar acorde con el destinatario. El lenguaje del juez lo debe aproximar a la comunidad y no alejarlo de ella».

En Argentina, la propuesta fue acogida con entusiasmo y la vicepresidenta de la Corte, Elena Highton, declaró a ese medio que «existen límites a la posibilidad de liberalizar el lenguaje porque hay cuestiones técnicas que son difíciles de evitar, pero debemos tratar de acercar lo más posible las sentencias a la gente. El año que viene, nosotros lo vamos a intentar».

El problema del uso del lenguaje va más allá de comprender o no los textos redactados por los «letrados», porque es evidente que ante tales términos somos iletrados.

La imagen de los sistemas judiciales en muchos países de la región no sólo es cuestionada por sus irregularidades o la corrupción sino por las vías de comunicación con los medios.

Cuando un periodista cubre el área judicial, la mayoría de las veces termina estudiando Derecho porque ante tantos vocablos y artimañas del lenguaje no logra una comprensión acertada de lo que le informan.

Por lo menos, deberían traducirnos, aterrizar un poco la situación para que el destinatario final, el lector, comprenda bien lo que se le cuenta.

Y no quiero hablar de los errores ortográficos y de redacción que en los últimos tiempos he visto, eso es capítulo aparte. Es horrible cómo pisotean el idioma español.

No estoy pidiendo que se imponga un formato nuevo sino que se escriba con claridad, corrección y con un lenguaje menos rebuscado, debe ser un documento que los afectados entiendan. ¿Acaso no podríamos decir mejor la página que la foja o el caso en vez de sub júdice o sub lite. También se diría el sorteo, en vez de esa palabra tan larga y fea como es desinsaculación.

No podemos obviar que hay abogados que cuando están en un juicio se sienten una top model en la pasarela y entonces muestran toda su artillería pesada: las palabras más rebuscadas, las citas de artículos con su número, página, código etc…

Estas estrellas logran en sus 5 minutos de gloria dejar boquiabiertos a todos los presentes; sin embargo, al sumar y restar podemos decir que también dejan a todos con el cerebro vacío, porque no se entendió nada.

Lo más triste de esta situación es que muchas veces los honorarios se relacionan con la verborrea ininteligible que aplican, tanto de forma oral como escrita.

Tal vez, algún día podamos entender mejor lo que escriben los abogados sin necesidad de ir a un diccionario de latín porque no sabemos que brevitatis causae significa «para ser más breves». Apuesto por una comunicación clara y efectiva.

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