Noticias del español

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Magí Camps

www.lavanguardia.es

Lunes, 16 de mayo del 2011

A UN CLIC DE LOS BOTONES


El verbo apretar no es normativo en catalán pero goza de una potente implantación


Seguro que ya han oído a algún crío que en lugar de pulsar el botón de la tele, el del ascensor o el timbre, lo que hace es clicarlo o cliquearlo. El inglés tiene el verbo to click con el sentido de chasquear los dedos, de dar un taconazo, según las construcciones que se utilicen, y también se usa cuando dos se avienen: we just clicked (conectamos). Con la aparición de las ventanas de los ordenadores se popularizó el click y el double click, que pronto adaptamos ortográficamente a partir de la onomatopeya: un clic, dos clics. La Real Academia Española ya tiene la entrada de clic, primero como onomatopeya y después como 'pulsación que se hace en alguno de los botones del ratón de un ordenador'. Los académicos, sin embargo, todavía no han admitido el verbo correspondiente, que bien podría ser clicar o cliquear. El Institut d’Estudis Catalans sí recoge clicar: 'Pitjar un botó del ratolí d’un ordinador…'.

 

 

 

Esté o no en el diccionario, el verbo clicar o cliquear avanza gallardo entre las nuevas generaciones, tanto en castellano como en catalán, y en esta lengua podría acabar dejando de lado la lucha que los puristas mantienen contra el uso del verbo castellano apretar. Porque este verbo no es normativo en catalán, a pesar de que goza de una potente implantación por la polisemia del castellano (una palabra para muchos significados), que gana de largo al grupo de verbos de significado parecido que empleamos en catalán.

 

 

 

Así, tal como ya han referido numerosos autores, si apretamos un botón, en catalán el pitgem o premem; si apretamos los dientes, serrem les dents; si el sol aprieta, es que el sol pica; si la ropa nos aprieta, es que la ropa ens engavanya o ens tiba; si son los zapatos que aprietan, es que les sabates ens van justes o justegen; si apretamos a correr, tendremos que arrencar a córrer; si damos un apretón de manos, fem una encaixada; si alguien aprieta los tornillos, colla els cargols; si hay que apretarse el cinturón, ens l’haurem d’estrènyer; y me dejo algunas.

 

 

 

Todo eso, claro, es muy bonito sobre el papel y aún muchos hablantes emplean ese abanico de expresiones sin problema. Pero también es cierto que allí donde hay quien prem, pitja, serra, pica, tiba, engavanya, justegen, arrenca, encaixa, colla o estreny, hay quien coge el atajo del castellano y todo lo apreta. Es uno de los principios de la economía lingüística en un caso en que el catalán tiene todas las de perder.

 

Pero hay un panorama peor, en el que las dos lenguas perderían. Y es el del día en que no sólo cliquemos los botones, sino los tornillos y el cinturón, y los zapatos nos cliquen

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