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| Job Ledesma
laopinion.es, España
Miércoles, 31 de octubre del 2007

A TACO LIMPIO Y LO QUE QUEDA

Dice Michael Robinson que los tacos son más literarios en castellano.


«En inglés yo casi no decía tacos, pero cuando empecé a aprender español, me salían todos. Es que los tacos españoles son muy explícitos. Es más, tengo la teoría de que por eso los británicos somos tan violentos. Llega un momento en una discusión en que no podemos decir con un insulto lo que pensamos de la otra persona, así que terminamos pegándonos. En cambio, los tacos del castellano… A veces voy descalzo por mi casa, me doy un golpe en un dedo del pie y si suelto un taco en español, se me quita el dolor».

Grande, Michael. Tiene la razón del bilingüe por necesidad. Michael cada vez habla peor el castellano, pero da igual, porque en él sí que importa lo que dice y no el cómo. En una entrevista al final del periódico dice que hoy estrena programa nuevo, pero esa es otra historia.

Los tacos tienen su función. Ya les escribí hace tiempo que este Ledesma, de pibe, perdía el tiempo haciendo su particular clasificación de insultos donde imbécil era más que idiota pero menos que, con perdón, cabrón.

El matiz de cabrón y cabronazo, y el detalle de que hasta un hijo de la grandísima puta, de nuevo con todos los perdones, puede ser una frase de lo más cariñosa, revelan la grandeza de un idioma. El inglés se queda corto en tacos y también en extensión de palabras. Quizá nos gana en juegos léxicos. Da envidia ver cómo titulan los periódicos ingleses en nada, con un montón de gracia.

Los idiomas nunca están de más. Todos tienen palabras bellísimas, todos son una fuente de saber y una forma de entender a sus hablantes. El castellano tiene tantos tacos por algo, quizá porque somos un país dado al desfogue oral. No es raro que los catalanes, tan distantes aunque afables, digan «te estimu» en lugar de «te quiero», aunque una catalana cierta vez contó que le parecía más cariñoso su te estimo.

El repertorio de insultos en España es grande, y se amplía con las particularidades del léxico canario. Ahí, nuestro diccionario con patas favorito, que no es otro que el señor Juan Fernando «No te Vayas a Madrid» López Aguilar, tiene toda una legislatura, o quizá cuatro meses, de dónde tirar.

Si abre el partido disparando alto, corre el riesgo de quedarse, muy a su pesar, sin léxico. Por eso, si en apenas cien días de Paulinato ya califica a la absurda comisión sobre los niños desaparecidos de Gran Canaria como una medida imbécil, que recuerde que según la clasificación ledésmica le queda solo de cabrón para arriba, y eso es pasarse de diccionario, incluso para el nivelazo del Paulinato.

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