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| Caius Apicius

¿A QUÉ LLAMA USTED TORTILLA?

Cuando uno está fuera de su país y llega la hora de comer es fácil que se le presente algún problema, y no sólo los derivados de enfrentarse a una cocina diferente, sino a la hora de dar nombre a las cosas: un español podría tener problemas en México, como un mexicano en España, si lo que le apetece es... una simple tortilla.


Parece obvio que tortilla viene de torta. Pero en España se llama tortilla al resultado de freír huevos batidos, sin más, o con otros ingredientes… mientras que en México todo el mundo sabe que una tortilla es una oblea circular y aplanada hecha con masa de maíz y cocida en comal. Hoy, la verdad, la gente suele estar bien informada, y no es tan fácil que surjan estos equívocos; pero pueden surgir.

Uno pensaría que llamar tortilla a un batido de huevos pasado por la sartén haría referencia a su forma redonda; pero no parece. Una, porque hay la llamada tortilla francesa, o a la francesa, que es oblonga y que en medio mundo, incluso en el mundo hispanohablante —no en España—, se conoce por su propio nombre francés de omelette, palabra sobre cuya etimología se han escrito cosas tan divertidas como inconsistentes.

Otra, porque el Diccionario de la Lengua Española, al definir torta, no hace ninguna indicación de que deba ser redonda. Hay que irse al Tesoro de la lengua castellana o española, publicado nada menos que en 1611 por Sebastián de Covarrubias, para leer que "se hace en forma redonda". Y el propio Covarrubias, al definir tortilla, dice que es 'la torta pequeña, como tortilla de huevos', con lo que está metiendo lo definido en la definición. Y queda claro que, si hacemos referencia a la forma redonda, las tortillas más tortillas serían, aparte de la tortilla española, la de patatas, las tortillas mexicanas.

Eso sí, queda claro que en España, en el Siglo de Oro, la voz tortilla se aplicaba sólo a la de huevos. Si uno va a mirar el Arte de Cocina de Francisco Martínez Montiño, «cocinero mayor del Rey nuestro señor» —era Felipe III—, libro editado en 1617, se encuentra con seis recetas de tortilla, todas ellas en el capítulo de los huevos: tortillas de agua, tortillas cartujas, tortillas dobladas, tortilla blanca, tortilla con agua y sal y tortilla de queso fresco. Más adelante, en otra sección, incluye unas «tortillas delgadas de aceite»… cuya receta empieza diciendo: «batirás seis huevos frescos». O sea: que para los compatriotas y contemporáneos de Cervantes y de Quevedo, hablar de tortillas era hablar de huevos; de por ahí debe venir ese refrán español que establece que «para hacer una tortilla hay que romper los huevos».

O sea, que un mexicano —o un argentino o un chileno, que también tienen sus tortillas propias— que pida una tortilla en España se va a encontrar con esa fritada de huevos batidos… mientras que un español que haga lo propio en México no se va a ver frente a un plato de huevos, sino ante la base para la preparación de unos buenos tacos.

Hoy la gente viaja mucho, y hay gente que hasta lee antes de viajar, con lo que la capacidad de sorpresa es cada vez menor. Un buen consejo para los viajeros que no quieran conformarse con la impersonal «cocina internacional» ni alimentarse a base de fast food debería tener en cuenta que conocer la cocina del país visitado ayuda a comprenderlo y a amarlo mucho más que pasar por él sin entrar, viviendo en un resort a base de esos buffets que son iguales en Cancún que en Bali. Donde fueres, haz lo que vieres, dice el refrán; concretemos, y digamos que donde fueres, come lo que vieres comer a los nativos. Y para eso es bueno documentarse un poquito antes de llegar a la puerta de embarque.

De todos modos… qué quieren que les diga: a mí lo de omelette me parece de un cursi casi insuperable. (Efe)

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