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Leyes científicas aplicables al diseño web

Hoy en día, el diseño web ha madurado con respecto a sus titubeantes inicios. Mucho de lo conseguido es producto, por un lado, de la aplicación de las leyes, modelos y principios generales al diseño web y, por otro, del clásico método científico de prueba y error en cada caso particular.
Así, para ahorrarnos unas cuantas pruebas, y bastantes errores, desglosamos aquí algunas leyes y modelos científicos de diferentes disciplinas que han demostrado ser útiles para los arquitectos de la información y los diseñadores de interacción:

  • La ley de Pareto se conoce popularmente como 80/20, porque como distribución de probabilidad continua que es, suele ser usada en comercio electrónico para identificar al 20 % de los clientes que producen el 80 % de las ventas. Claro que también podemos perseguir la estrategia contraria: trabajar una plataforma para dar servicio a una gran cantidad de usuarios o clientes, de forma que la suma de sus compras pueda ser superior a ese 20 %. Según el caso, encontraremos distribuciones de 95/5, 60/40, etc.
  • La ley de Zipf es una de las más conocidas distribuciones de tipo power law, o leyes de potencias, y es muy usada en el mundo del diseño web y el comercio electrónico (en concreto en SEO). Se trata de una distribución estadística enunciada desde el ámbito de la lingüística: para cualquier idioma, hay un pequeño conjunto de palabras que se repiten muchísimo (y que se buscan muchísimo), y un número enorme de palabras más específicas. La ley de Zipf tiene también sus corolarios. Por ejemplo, sabemos que por una aplicación de esta ley, demostrada por Downey (Mitzenmacher), el número de visitas a las páginas interiores de un sitio web es menor cuanto mayor es la profundidad del sitio; esto es, cuantos más enlaces necesitemos para llegar a esa página o más profunda sea la navegación vertical. Eso no quiere decir que cualquier contenido deba ser accesible directamente desde la portada, sino que para realizar cada tarea se debería llegar con el mínimo número posible de enlaces o niveles de profundidad, ni más ni menos que los necesarios. Por eso, no es infrecuente ver portales que utilizan un elevado número de enlaces a diferentes secciones o contenidos concretos mediante atajos o shortcuts para llegar antes a las zonas que se quiere promocionar especialmente, por ejemplo los ya clásicos «más vistos», «mejor valorados», etc. Otro corolario demostrado empíricamente por Mitzenmacher es que las páginas web con más posibilidades de recibir nuevos enlaces son las que ya tienen otros enlaces, por lo que cuantos más enlaces se tengan, más enlaces nuevos se irán recibiendo ( a más puntos de acceso, más visitas).
  • La ley de Fitts indica que el tiempo para alcanzar un objetivo con el ratón está en función de la distancia y el tamaño del objetivo. A menor distancia y mayor tamaño, más facilidad para usar un mecanismo de interacción (como un botón de compra, por ejemplo). El modelo de procesos cognitivos aplicados a la resolución de problemas nos dice que la realización de una tarea exige memorias activas, esto es, a corto plazo. Además, estos procesos ocurren de modo serial, no en paralelo. Tendemos a trabajar en una sola cosa a la vez (Pinto, 2002). Aunque el usuario veterano puede generar una memoria a largo plazo mediante la repetición de visitas y, por tanto, de estructuras de navegación, no podemos (salvo que sea intencionadamente) pedir al usuario que reaprenda una y otra vez cómo interactuar en nuestro sistema con éxito.

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