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La (des)cortesía en la comunicación digital: elementos y aplicaciones

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Como en cualquier otra comunicación, en la mediada por internet hay que tener en cuenta aspectos relacionados con la imagen tanto de los emisores como de los receptores de los mensajes, y ser conscientes de las normas de cortesía que deben observarse si se desea que la comunicación se mantenga dentro de unos cauces que permitan el progreso de la interacción.

Según el DRAE, la cortesía es la ‘demostración o acto con que se manifiesta la atención, respeto o afecto que tiene alguien a otra persona’. Las personas somos corteses con los demás por dos razones fundamentales: por el deseo de ser aceptados por los otros (teniendo en cuenta las características propias del grupo social en el que nos encontremos; es lo que se entiende por normas de cortesía en un sentido amplio, como el saludo, la expresión de agradecimiento, etc.) y por el deseo de no dañar la imagen social que los demás —nuestros interlocutores— tengan de sí mismos (por ejemplo, evitar una imposición o una orden, planteándolo como una petición o una pregunta); recíprocamente, esperamos el mismo comportamiento hacia nosotros (por eso nos molesta que no nos devuelvan un saludo o que nos den una orden directa, salvo que el contexto lo justifique). En gran parte, las demostraciones o actos corteses se llevan a cabo mediante el lenguaje. Como las comunicaciones en internet son fundamentalmente lingüísticas, tiene sentido hablar de cortesía en internet.

¿Qué debe hacer usted para ser un internauta cortés?

  1. Sea consciente de su audiencia. Tenga presente en cada momento a quién habla o escribe. En la red, nuestro público puede ser individual o colectivo, mantener con nosotros una relación de simetría o asimetría social, etc. Todo ello conlleva el empleo de diferentes normas de cortesía, al igual que sucede en entornos no virtuales.
  2. Analice si en sus comunicaciones debe emplear el tú, el usted o el vos. La red no obliga a un comportamiento distinto al de otros contextos escritos u orales.
  3. Cuide la forma de expresarse. Dado que el contexto no es necesariamente compartido, el mensaje ha de ser lo más unívoco posible. Intente que sus lectores entiendan exactamente lo que usted ha querido decir. Las normas (de ortografía, léxico, sintaxis) garantizan el empleo de unos estándares comunes. Ser cortés también significa facilitar la descodificación por parte de quien recibe el mensaje.
  4. Sea claro. Más específicamente, sea conciso, haga contribuciones relevantes y ciertas, ofrezca un texto bien estructurado. El principio de cooperación y las máximas de H. P. Grice son perfectamente aplicables a las comunicaciones por internet.
  5. Tenga en cuenta las diferencias culturales. Incluso dentro de una misma lengua, estas pueden afectar a la interpretación que se haga de un texto cuando no hay elementos contextuales que permitan deshacer ambigüedades o incluso solventar malentendidos. Es un aspecto que hay que tener especialmente presente cuando el emisor no es hablante (o escritor) nativo de la lengua que emplea.
  6. El anonimato no es razón para la descortesía. Llama la atención al respecto la alta frecuencia de expresiones descorteses que aparecen en las intervenciones que los lectores realizan en los comentarios que glosan algunas noticias de los periódicos digitales. Piense si diría lo mismo —y de la misma manera— en un intercambio verbal en el que su identidad fuera manifiesta.

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