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De qué hablamos cuando hablamos de intuición

¿Quién no ha oído decir alguna vez que un Macintosh es muy fácil de manejar, o que tal o cual aparato o programa es muy sencillo porque es muy intuitivo? Ser, o no, intuitivo es una cualidad que reconocemos en los diseños que apreciamos, pero con la que debemos aprender a conectar en los diseños y contenidos que creamos.

La intuición es, según el diccionario de la RAE, ‘la facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento’. Así, un buen diseño o un diseño intuitivo es, de alguna manera, capaz de hacernos comprender su dinámica o funcionamiento de forma inmediata. Incluye, como dice John Maeda, «un sentido de familiaridad».

La gran utilidad y rentabilidad de este sentido de familiaridad no es nueva, cualquier profesor, o simplemente cualquier persona que haya tenido que explicar alguna vez un concepto nuevo a alguien, habrá podido comprobar que una de las mejores formas de introducir conceptos nuevos es vincularlos a los conocimientos anteriores. Conectar la información nueva con la vieja para asegurar un ancla, de tal forma que nuestro cerebro pueda, luego, llenar el espacio vacío creando relaciones.

Dos formas muy comunes, pero también muy potentes, de conectar la información novedosa con nuestro background o conocimiento previo son la comparación y la metáfora. Ambos mecanismos son excelentes métodos para transmitir una gran cantidad de información y conocimiento de un ámbito a otro, con un mínimo coste de procesamiento para la persona que aprende.

La metáfora y la comparación actúan de «puente conceptual» entre la información nueva y el conocimiento previo. Pero si la metáfora es realmente buena, más que actuar como un puente, llega a ser prácticamente un salto entre los extremos de ese puente: conecta la información que hay a cada lado sin darnos cuenta de que el puente realmente está ahí.

Pensemos, por ejemplo, en las metáforas cotidianas de las que nos servimos para manejar un ordenador, o lo que es lo mismo, las metáforas que hacen que nuestro ordenador sea intuitivo.

Creamos constantemente archivos que llamamos documentos, que ordenamos en carpetas a las que accedemos desde el escritorio con solo mover el ratón. Además podemos deshacernos de estos archivos llevándolos a la papelera de reciclaje o subirlos a la red, de la que también podemos bajarnos otros archivos, que a su vez podemos copiar en otros dispositivos que podemos conectar mediante, por ejemplo, los puertos.

Entendemos inmediatamente lo que es un documento, una carpeta, un escritorio, un ratón, una papelera o un puerto en un ordenador, porque somos capaces de conectar los dos extremos del puente. Nos hacemos una idea de cómo funciona internet, porque visualizamos la metáfora de la red, que convierte inmediatamente algo nuevo y complejo, como puede ser el funcionamiento de internet, en algo familiar que ya conocemos: una red que une múltiples puntos.

Nuestra mente se apoya en esa metáfora para entender los conceptos nuevos partiendo de la información o de los datos que ya tiene. Crea con ello una sensación de familiaridad que nos da confianza y que nos hace creer que algo es sencillo e intuitivo. Una gran parte del éxito de nuestras comunicaciones y diseños reside en saber crear estos vínculos entre los conocimientos de nuestro público y el hecho novedoso que nosotros queramos transmitirle.

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