| |
Dícese cuando se quiere evidenciar que la precipitación está reñida con el buen hacer.
Es un dicho «joven» en el registro del Diccionario ya que no aparece hasta la edición de 1925, como frase «con que se encarece la necesidad de no proceder atropelladamente para ganar tiempo, porque con la prisa se suele perder».
Según los autores consultados, la frase, dirigida a un sirviente o asistente, se pone en boca, indistintamente, de personajes tan conocidos como Carlos III, Fernando VII o lord Brummel, aunque podría atribuirse a cualquier individuo de una determinada clase o situación económica desahogada, que contara con ayudante en su arreglo personal, una tarea metódica y regular que necesitaba un tiempo medido de ejecución y que no se prestaba a improvisaciones.
Ref.: Del hecho al dicho, de Gregorio Doval
|